48josefina
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San Agustín, un santo pecador 28 de agosto.
Subido por DIOCESISTV el 24/08/2007
Emitido en diocesisTV el 28-8-2007. "Los números uno", Encarni Llamas presenta una breve biografía del santo de cada día.
Vida y milagros de San Agustín de Hipona
Obispo de Hipona y Doctor de la Iglesia
San Agustín es doctor de la Iglesia, y el más grande de los Padres de la Iglesia, escribió muchos libros de gran valor para la Iglesia y el mundo.
Aurelius Augustinus nació el 13 de noviembre del año 354, en el norte de África. Su madre fue Santa Mónica. Su padre era un hombre pagano de carácter violento.
Santa Mónica había enseñado a su hijo a orar y lo había instruido en la fe. San Agustín cayó gravemente enfermo y pidió que le dieran el Bautismo, pero luego se curó y no se llegó a bautizar. A los estudios se entregó apasionadamente pero, poco a poco, se dejó arrastrar por una vida desordenada.
A los 17 años se unió a una mujer y con ella tuvo un hijo, al que llamaron Adeodato.
Estudió retórica y filosofía …Más

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48josefina

clodoveo: Muchísimas gracias por este gran aporte.
👏 y 😇

clodoveo

Frases de San Agustín:
Amad a esta Iglesia, permaneced en esta Iglesia, sed vosotros esta Iglesia
Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros.
Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.
Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas.
El que no tiene celos no está enamorado.
La razón no se sometería nunca, si no se juzgase que hay ocasiones en que debe someterse.
La Ley ha sido dada para que se implore la gracia; la gracia ha sido dada para que se observe la ley.
Una virtud simulada es una impiedad duplicada: a la malicia une la falsedad.
Conviene matar el error, pero salvar a los que van errados.
Una cosa es haber andado más camino y otra, haber caminado más despacio.
Creo para comprender, y comprendo para creer mejor.
No se accede a la verdad sino a través del amor.
El alma desordenada lleva en su culpa la pena.
La medida del amor es amar sin medida.
Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti.
Quien no ha tenido tribulaciones que soportar, es que no ha comenzado a ser cristiano de verdad.
Cuando estés en Roma, compórtate como los romanos.
Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta.
En donde no hay caridad no puede haber justicia.
Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti.
Si precisas una mano, recuerda que yo tengo dos.
La misma debilidad de Dios procede de su omnipotencia.
Equivocarse es humano, perseverar voluntariamente en el error es
diabólico.
No hubo tiempo alguno en que no hubiese tiempo.
Dios lo que más odia después del pecado es la tristeza, porque nos predispone al pecado.
Aprueba a los buenos, tolera a los malos y ámalos a todos.
Donde no hay caridad no puede haber justicia.
El mundo no fue hecho en el tiempo, sino con el tiempo.
Quien toma bienes de los pobres es un asesino de la caridad. Quien a ellos ayuda, es un virtuoso de la justicia.
Si dudo, si me alucino, vivo. Si me engaño, existo. ¿Cómo engañarme al afirmar que existo, si tengo que existir para engañarme?
Buscad lo suficiente, buscad lo que basta. Y no queráis más. Lo que pasa de ahí, es agobio, no alivio; apesadumbra en vez de levantar.
Los que no quieren ser vencidos por la verdad, son vencidos por el error.
Casarse está bien. No casarse está mejor.
Existirá la verdad aunque el mundo perezca.
El pasado ya no es y el futuro no es todavía.
La necesidad no conoce leyes.
Si somos arrastrados a Cristo, creemos sin querer; se usa entonces la violencia, no la libertad
No digas que el tiempo pasado fue mejor que el presente; las virtudes son las que hacen los buenos tiempos, y los vicios los que los vuelven malos.
Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean.
No te aflijas, sino alégrate de preferir ser, aún siendo miserable.
Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar sobre las vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí mismos y corregir su propia vida.
No vayas fuera, vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad.
Todo el que cree, piensa. Porque la fe, si lo que cree no se piensa, es nula.
Las lágrimas son la sangre del alma.
La sabiduría no es otra cosa que la medida del espíritu, es decir, la que nivela al espíritu para que no se extralimite ni se estreche.
La ociosidad camina con lentitud, por eso todos los vicios la alcanzan.
No hay riqueza más peligrosa que una pobreza presuntuosa.
Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja.
Así como toda carencia es desgracia, toda desgracia es carencia.
Cuanto mejor es el bueno, tanto más molesto es para el malo.
La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre.
Una vez al año es lícito hacer locuras.
En el jardín de la Iglesia se cultivan: Las rosas de los mártires, los lirios de las vírgenes, las yedras de los casados, las violetas de las viudas.
Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino lo que ama.
Conócete, acéptate, supérate.
Da lo que mandas y manda lo que quieras.
En el Cielo dicen Aleluya, porque en la Tierra han dicho Amén.
El hombre no reza para dar a Dios una orientación, sino para orientarse debidamente a sí mismo.
Se aferran a su parecer, no por verdadero sino por suyo.
Nadie niega a Dios, sino aquel a quien le conviene que Dios no exista.
La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano.
Obedeced más a los que enseñan que a los que mandan.
Así como la verdad se produce por la medida, así la medida se produce por la verdad.
¿Qué es, pues el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé.

MsPandevida

👏 ★ ★ ★ ★ ★
GRACIAS JOSEFINA !!

48josefina

Vida y milagros de San Agustín de Hipona
Obispo de Hipona y Doctor de la Iglesia
San Agustín es doctor de la Iglesia, y el más grande de los Padres de la Iglesia, escribió muchos libros de gran valor para la Iglesia y el mundo.
Aurelius Augustinus nació el 13 de noviembre del año 354, en el norte de África. Su madre fue Santa Mónica. Su padre era un hombre pagano de carácter violento.
Santa Mónica había enseñado a su hijo a orar y lo había instruido en la fe. San Agustín cayó gravemente enfermo y pidió que le dieran el Bautismo, pero luego se curó y no se llegó a bautizar. A los estudios se entregó apasionadamente pero, poco a poco, se dejó arrastrar por una vida desordenada.
A los 17 años se unió a una mujer y con ella tuvo un hijo, al que llamaron Adeodato.
Estudió retórica y filosofía. Compartió la corriente del Maniqueísmo, la cual sostiene que el espíritu es el principio de todo bien y la materia, el principio de todo mal.
Diez años después, abandonó este pensamiento. En Milán, obtuvo la Cátedra de Retórica y fue muy bien recibido por San Ambrosio, el Obispo de la ciudad. Agustín, al comenzar a escuchar sus sermones, cambió la opinión que tenía acerca de la Iglesia, de la fe, y de la imagen de Dios.
Santa Mónica trataba de convertirle a través de la oración. Lo había seguido a Milán y quería que se casara con la madre de Adeodato, pero ella decidió regresar a África y dejar al niño con su padre.
Agustín estaba convencido de que la verdad estaba en la Iglesia, pero se resistía a convertirse.
Comprendía el valor de la castidad, pero se le hacía difícil practicarla, lo cual le dificultaba la total conversión al cristianismo. Él decía: “Lo haré pronto, poco a poco; dame más tiempo”. Pero ese “pronto” no llegaba nunca.
Un amigo de Agustín fue a visitarlo y le contó la vida de San Antonio, la cual le impresionó mucho. Él comprendía que era tiempo de avanzar por el camino correcto. Se decía “¿Hasta cuándo? ¿Hasta mañana? ¿Por qué no hoy?”. Mientras repetía esto, oyó la voz de un niño de la casa vecina que cantaba: “toma y lee, toma y lee”. En ese momento, le vino a la memoria que San Antonio se había convertido al escuchar la lectura de un pasaje del Evangelio. San Agustín interpretó las palabras del niño como una señal del Cielo. Dejó de llorar y se dirigió a donde estaba su amigo que tenía en sus manos el Evangelio. Decidieron convertirse y ambos fueron a contar a Santa Mónica lo sucedido, quien dio gracias a Dios. San Agustín tenía 33 años.
San Agustín se dedicó al estudio y a la oración. Hizo penitencia y se preparó para su Bautismo. Lo recibió junto con su amigo Alipio y con su hijo, Adeodato. Decía a Dios: “Demasiado tarde, demasiado tarde empecé a amarte”. Y, también: “Me llamaste a gritos y acabaste por vencer mi sordera”. Su hijo tenía quince años cuando recibió el Bautismo y murió un tiempo después. Él, por su parte, se hizo monje, buscando alcanzar el ideal de la perfección cristiana.
Deseoso de ser útil a la Iglesia, regresó a África. Ahí vivió casi tres años sirviendo a Dios con el ayuno, la oración y las buenas obras. Instruía a sus prójimos con sus discursos y escritos. En el año 391, fue ordenado sacerdote y comenzó a predicar. Cinco años más tarde, se le consagró Obispo de Hipona. Organizó la casa en la que vivía con una serie de reglas convirtiéndola en un monasterio en el que sólo se admitía en la Orden a los que aceptaban vivir bajo la Regla escrita por San Agustín. Esta Regla estaba basada en la sencillez de vida. Fundó también una rama femenina.
Fue muy caritativo, ayudó mucho a los pobres. Llegó a fundir los vasos sagrados para rescatar a los cautivos. Decía que había que vestir a los necesitados de cada parroquia. Durante los 34 años que fue Obispo defendió con celo y eficacia la fe católica contra las herejías. Escribió más de 60 obras muy importantes para la Iglesia como “Confesiones” y “Sobre la Ciudad de Dios”.
Los últimos años de la vida de San Agustín se vieron turbados por la guerra. El norte de África atravesó momentos difíciles, ya que los vándalos la invadieron destruyéndolo todo a su paso.
A los tres meses, San Agustín cayó enfermo de fiebre y comprendió que ya era el final de su vida. En esta época escribió: “Quien ama a Cristo, no puede tener miedo de encontrarse con Él”.
Murió a los 76 años, 40 de los cuales vivió consagrado al servicio de Dios.
Con él se lega a la posteridad el pensamiento filosófico-teológico más influyente de la historia.
Murió el año 430.