Solo Dios perdona los pecados. El sacerdote lo hace porque Dios se lo ha confiado y es en nombre suyo que lo hace. Entonces, en realidad, al decirle los pecados al sacerdote, se los estamos diciendo al propio Cristo. ¡Qué misterio! El mismo Evangelio dice: “El Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados” (Marcos 2,10) y ejerce este poder cuando dice: “Hijo mío, tus pecados quedan perdonados” (Marcos 2,5). Esta es la misma autoridad de la que gozan los sacerdotes al perdonar los pecados del pueblo.