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Las personas que aquí entran a este Medio de Comunicación, son en su mayoría CATÓLICAS en comunión con EL SANTO PAPA FRANCISCO, que Veneran a SAN JUAN PABLO II y quieren a nuestro Obispo Emérito de Roma Benedicto XVI, por eso pedimos respeto para todos estos sucesores de Pedro, y rezamos para que muchos comiencen a amarlos. ¿Pero quien soy yo para Jugarlos a ustedes los moderadores? Nadie "Menos que un Átomo" la nada sin embargo Dios ha querido que formemos lío, es dicir que llamemos al respeto y a la consideración, Le recomiendo lea el Libro de Montfort y los Sueños de Don Bosco. Solo en la Barca de Pedro más eficaz que la de Noe, bendiciones y saludos.
. ¿Para que es necesaria la unidad de la Iglesia?
El Evangelio según San Juan, dice que la unidad de los creyentes es un requisito para que el mundo crea en Jesús, es decir: para que la humanidad se convierta hace falta que todos los que creemos que Jesucristo es el Señor, nos unamos, y tengamos según el modelo de Hechos 2,44 todo en común: “Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos” (Efesios 4,4-6).
La unidad es necesaria para que el Mundo crea, y sepa cual es el autentico mensaje de Dios, revelado en su Unigénito, por eso Jesús al pedir por sus discípulos y sus sucesores, ruega al Padre, con estas palabras: “Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad. No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí” (Juan 17,18-23). Recuerden leer completo este capitulo, donde está la oración Sacerdotal Jesús por su Iglesia, el Nuevo Pueblo Santo.
Si aceptamos a Jesús como Nuestro único y suficiente Salvador, debemos aceptar también a la única Iglesia edificada por Él (cf Mateo 16,18), su verdadero Cuerpo Místico (cf Romanos 12,5; Galatas 3,28; Efesio 4,4) del que todos los creyentes formamos parte en comunión (cf I Corintios 12,27), porque: “El mismo dio a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros, para el recto ordenamiento de los santos en orden a las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo”. (Efesios 4,11-13).
15 más comentarios de Enzo de la Virgen
¿Al declarar a Cristo como nuestro Señor, ya tenemos asegurada la Salvación?
La salvación es un regalo que Dios da a quien quiere, pero es también un compromiso, Jesús afirmó en Mateo 7,21 “No todo el que me diga: «Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial” La Biblia es muy clara los solos gestos externos no son suficientes: “Poned por obra la Palabra y no os contentéis sólo con oírla, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1,22). La salvación es un don gratuito que recibimos de parte de Dios por Jesucristo en el Espíritu Santo (ver Hechos 4,12, 2Tes 2,13, 2Tim 2,10 entre otros muchos pasajes); no es un premio a nuestras buenas obras, sino un don de Dios misericordioso. Ahora bien, en lo que está de nuestra parte, sin duda que debemos recibir esa salvación, estar dispuestos y totalmente abiertos a ella, buscarla, luchar perseverantemente por ella (cf Mateo 10,22), y estar atentos a las asechanzas del diablo que, "como león rugiente, ronda buscando a quien devorar" (1Pe 5:8).
Algunos hermanos muy lamentablemente afirman de la salvación; que se trata de algo que, una vez recibido, no se puede perder más, hagamos lo que hagamos; contradiciendo lo que enseña toda la Sagrada Escritura, por ejemplo: Fil 2:12 "De modo que, amados míos, así como habéis obedecido siempre (…) ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor" si la salvación no pudiese perderse por nuestra negligencia, el mandamiento de "ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor" sería superfluo. El mismo San Pablo veía que era posible que él fuese descalificado: “Más bien, pongo mi cuerpo bajo disciplina y lo hago obedecer; no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo venga a ser descalificado” (1Cor 9,27).
Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ezequiel 18,23; I Tes 5:9), por la salvación de la humanidad, murió Jesús en la cruz (cf Hebreos 2,10), y Él nos advierte: “Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará” (Mateo 24,13), “Por eso, hermanos, procurad aun con mayor empeño hacer firme vuestro llamamiento y elección, porque haciendo estas cosas no tropezaréis jamás” (2 Pe 1,10) “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Cor 10,12).
La sola proclamación de una fe no es suficiente: ¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? (Santiago 2,14) Por eso Pablo, en concordancia con el evangelio (Mateo 3,8) nos dice: “…he predicado que se convirtieran y que se volvieran a Dios haciendo obras dignas de conversión (Hechos 26,20). “Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta” (Santiago 2,17). Nuestra fe en el Señor, debe estar acompañada de obras dignas de la vocación a la que hemos sido llamados (cf Efesios 4,1), “Porque así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” (Santiago 2,26). Debemos permanecer fieles a la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo (Efesios 5,24-ss) y perseverar en el bien hasta el final: “Porque hemos llegado a ser participantes de Cristo, si de veras retenemos el principio de nuestra confianza hasta el fin” (Heb 3,14). Ya que Dios “…dará a cada cual según sus obras: a los que, por la perseverancia en el bien busquen gloria, honor e inmortalidad: vida eterna” (Romanos 2,6).
¿Quién Recopiló los Libros de la Biblia?
La misión Papal, de confirmar en la verdad, a los seguidores auténticos de Cristo, se ha llevado a cabo continuamente, desde que Cristo ascendió a los cielos, hasta nuestros días, por ejemplo, aproximadamente 397 años después de Cristo, todos los Obispos del mundo se reunieron, a la Luz del Espíritu de Dios, para discernir cuales de los escritos y cartas apostólicas, que estaban dispersas entre las distintas comunidades Cristianas originarias, formarían parte del Libro Santo, y cuales libros de las escrituras del pueblo de Israel debían considerarse parte de las Sagradas Escrituras, y los Obispos ratificaron los libros del Antiguo Testamento, algunos de los cuales actualmente no son aceptados por las sectas protestantes, mientras que consideraron necesario someter los del nuevo a la infabilidad Papal, y el Papa de entonces, canonizó los libros y cartas tal como actualmente están en el Nuevo Testamento, ejerciendo la autoridad que Dios le delegó, descartando aquellos escrito que no consideró que fuesen Palabra de Dios, es curiosos, que las sectas si aceptan todos los Libros del Nuevo Testamento, tal como por un decreto Papal fueron Canonizados, y tengan dudas de los que fueron declarado Libros Santos, por el concilio de Obispos. La Iglesia existió antes que la Biblia, y la Iglesia reunió las Sagradas Escrituras y las Canonizó. (Canonizar significa declarar Santo).
Fue solamente en el año 393 d.C. que los obispos se unieron con los sacerdotes y laicos para discernir cuáles libros son inspirados, o también "canónicos". La Iglesia tenía el poder de hacer eso porque Jesús le dio el poder de atar y desatar (cf Mt 18, 18) y prometió enviar al Espíritu Santo para la plenitud de la verdad (Jn 14, 26).
En el siglo XV Martín Lutero (inspirador de la gran apostasía) pensó que los primeros cristianos usaban el "canon judío de Palestina" (los libros escritos en hebreo), 39 libros. Pero en realidad los 46 libros del "canon Alejandrino" o "traducción de los Sesenta" (la traducción al griego de los libros hebreos, pues el griego era el idioma internacional de este tiempo) era aceptado por la gran mayoría de los judíos dispersos por todo el mundo (la "diáspora"). Alejandría era el más grande e importante centro judío en el mundo de habla griega.
Alrededor de los años 90-100 d.C. algunos líderes judíos se reunieron para tratar el tema del canon (conocido como el canon de Palestina) quitando los siete libros, su objetivo era regresar al canon hebreo, y distinguirse así de los cristianos. Con la excusa que lo que no fue escrito en hebreo no era inspirado (aunque Eclesiástico y 1 de Macabeos estaban originalmente escritos en hebreo y Arameo. Sin embargo, la discusión entre ellos siguió por muchos años, y sus decisiones no fueron universalmente reconocidas. Había mucho desacuerdo entre los diferentes grupos y sectas judís. Los saduceos solamente confiaban en el Torá, los fariseos no podían decidir sobre Ester, Cantares y Eclesiastés. Solamente en el segundo siglo d.C. los fariseos decidieron 39 libros. El apóstol Pablo, que viajó por todo el mundo de hablar griego, utilizaba la versión de los LXX. Cuando a san Jerónimo se le pidió que tradujera la Biblia en latín (en 382 d.C.) optó por seguir la decisión de los judíos y rechazó los siete libros, llamándolos "apócrifos". Esta decisión de Jerónimo fue rechazada por los concilios ya mencionados, y Jerónimo aceptó la decisión de los concilios.
Al fin y al cabo, los judíos expulsaron a los cristianos de la sinagoga y no les dejaron participar en la decisión sobre el canon. Hoyen día muchos se basan en las decisiones judías sobre el canon. Ahora bien, esos mismos judíos habían ya decidido rechazar a Jesús como Mesías: ¿por qué dar a ellos la autoridad sobre el canon del AT? Si ellos rechazaron a Jesús y por eso el dijo: “¿Qué, pues, hará el Señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores y dará a otros su viña” (Marcos 12,9).
Los sectarios y los demás reformadores decidieron seguir la decisión judía de basar el canon del AT sobre el idioma hebreo y sacaron los siete libros de su Biblia. Los llamaron "apócrifos" siguiendo la idea de los judíos (no conversos al cristianismo), los cuales ya no tenían autoridad alguna para los creyentes en Cristo Jesús, porque la Autoridad ya había sido entregada a los discípulos del Mesías (cf Mateo 18,18; Lucas 9,1) es decir a la Iglesia (cf Mateo 16,18-19).
Gracias a Dios ya muchos han corregido este error, siguiendo el concejo bíblico “Y no den oídos a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad” (Tito 1,14), actualmente muchas denominaciones protestantes están aceptando todos los libros del Antiguo Testamento, incluyendo los siete que antes negaban, los cuales anexan a sus versiones de la Biblia, acotando que se llaman Deuterocanónicos.
¿Para qué necesitas tú al Papa Francisco?
La primera comunidad de Apóstoles, que Jesús formó, lo necesitó, y sí Cristo lo considero necesario y útil, para sus primeros discípulos, los Santos Apóstoles, cuanto más nosotros pobres pecadores, lo necesitaremos. No debemos pecar considerarnos auto suficientes, sino que debemos ser humilde, buscar y recurrir a todas las ayudas que Dios nos mando, para el correcto seguimiento de Cristo y su Palabra; “Para el recto ordenamiento de los santos en orden a las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo”. (Efesios 4,12). El Papa confirma la verdad, del Evangelio, y la correcta interpretación de la Biblia, para los tiempos que vivimos, pues él actúa el Nombre del Señor, cumpliendo la misión que Jesús le encomendó a Pedro y sus sucesores de apacentar sus ovejas, hasta la consumación de los tiempos (cf Mateo 16,18-19).
¿Necesitamos del Papa y el Magisterio de la Iglesia?
Por supuesto que si, no podemos ser tan soberbios, para despreciar la dirección y guía que Dios a dispuesto para toda su Iglesia. Jesucristo dejo su autoridad delegada, no en Palabras escritas en paginas, sino en Personas marcadas por su testimonio, para regir su pueblo con justicia, en santidad y comunión de amor. Debemos obedecer la Palabra de Dios que nos aclara: “Y así los puso Dios en la Iglesia, primeramente como apóstoles; en segundo lugar como profetas; en tercer lugar como maestros; luego, los milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad de lenguas” (I Corintios 12,28). “Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad” (I Corintios 12,11).
Papa Francisco es el Obispo de Roma ¿Quiso Cristo que una sola persona dirigiera su Iglesia a nivel mundial? Si, por eso Jesucristo designó a San Pedro (Hoy Papa Francisco), para dirigir su única Iglesia, a la que prometió asistir hasta el fin de los tiempos, un ministerio de dirección que existirá mientras exista la Iglesia, desde que el Señor encontró este discípulo lo predestinó: “... Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» que quiere decir, Piedra". (Juan 1,42).
Y luego ante una pregunta de Jesús y frente a las diferentes opiniones sobre su personalidad, Simón fue el único discípulo que dio su personal opinión: “Tu eres el Mesías” y ante su primera respuesta infalible por revelación de Dios Padre, Jesús otorga ese rango especial: “Y yo a mi vez te digo que tú eres (Cefas) Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”. (Mateo 16,18-19). “Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” ( Marcos 16,15).
El nombre de Pedro antes de encontrarse con Jesús era Simón Bar-Jona hijo de Jonás, era un rudo y sencillo pescador del lago de Genesaret, que vivía con su mujer y su suegra en la aldea de Betsaida en la región de Galilea. Pedro junto con su hermano Andrés seguidor de Juan el Bautista, y sus amigos y compañeros de trabajo Santiago el mayor y Juan el discípulo amado, se encontraron entre los primeros apóstoles de Cristo Jesús, quien le cambió su nombre por Pedro, Kefa en arameo o Cefas en griego, que quiere decir "piedra" o "roca" (Juan 1,40-42); invitándolo a hacer desde entonces "pescador de hombres"(Lucas 5,10).
Pedro siempre encabeza la lista de los doce apóstoles del Señor (cf Mateo 10,2; Marcos 3,16; Lucas 6,14; Hechos 1,13), él mismo se nombra como "siervo y apóstol de Jesucristo" (2Pedro 1,1) "testigo de los sufrimientos de Cristo" (1Pedro 5,1), aparece como el portavoz de los apóstoles ( Mateo 18,21-22; Marcos 10,28), A él lo interrogan los que cobraban impuestos para el templo (Mateo 17,24-27); además Pedro, al lado de Santiago y Juan, fueron los tres discípulos más cercanos al Salvador, y estuvieron presentes en la resurrección de la hija de Jairo (Marcos 5,37), en la transfiguración en el monte Tabor (Marcos 9,2); ellos tres con Andrés lo interrogan en el monte de los Olivos, sobre las señales antes del fin (Marcos 13,3-4). Son también Pedro y Juan los encargados de preparar la "Ultima Cena" (Lucas 22,7-8), y nuevamente los tres son llamados por el Mesías a permanecer vigilantes, mientras él hace oración en el Getsemaní (Marcos 14,32-33). "Por eso, Santiago, Pedro y Juan...eran tenidos como columnas de la Iglesia…" (Gálatas 2,9).
El amor y la confianza de Pedro a su Divino Maestro, se vio probado cuando empieza a caminar sobre las agua para salir a su encuentro (Mateo 14,25-31); ante el abandono de los judíos que no creían que Cristo era el verdadero "pan bajado del cielo", es Pedro quien reconoce que solo él tiene "palabras de vida eterna" (cf Juan 6,68); en un acto de valor momentáneo tiene el coraje de decir que iría por su Señor a la cárcel y hasta la muerte (Lucas 22,33); el arrojo al cortarle la oreja a Malco, cuando lo van a apresar en la noche del Jueves Santo (Juan 18,10). Asimismo, después de la resurrección se encontraba pescando en el lago de Tiberias, en compañía de otros apóstoles, y aparece Jesús en la orilla, entonces “Apenas oyó Simón Pedro que era el Señor, se vistió, porque estaba sin ropa, y se tiró al agua” (Juan 21,7) Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.» Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. (Juan 21:15-17)
El pasaje bíblico más contundente que demuestra la importancia de Pedro, lo encontramos en Mateo 16,13-19; cuando el Unigénito de Dios en la región de Cesarea de Filipo, les pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?"; ante la confusión de los demás, Pedro contesta acertadamente "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios viviente" (comparar con Marcos 8,27-29; Lucas 9,18-20). No obstante, no era la primera vez que uno de los doce reconocía la naturaleza y misión divina de Jesucristo; pues al principio de su ministerio, Natanael (o Bartolomé) también le dijo: "Maestro ¡tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel!" (Juan 1,49). Igual respuesta encontramos en otra ocasión de los demás discípulos: "!En verdad tú eres el Hijo de Dios!" (Mateo14,33). Pero solamente a Simón Pedro, Cristo Jesús le dice que su declaración no viene de los hombres sino de Dios Padre que está en el cielo (Mateo 16,17). Seguidamente Jesús agrega: "Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a construir mi iglesia; y ni siquiera el poder de la muerte podrá vencerla"(Mateo 18). En este punto hay que aclarar que la Iglesia Católica no es la Iglesia de Pedro, sino de Cristo representado en el apóstol, ya que el Santo de Dios es el "pastor principal" (1Pedro 5,4). Por último, el Mesías le da plena autoridad, bajo el símbolo de las "llaves del reino de los cielos" (cf Mateo 16,19; Apocalipsis 3,7), de "atar y desatar en la tierra y en el cielo". Es decir, que Dios da por bueno y aprobado lo que Pedro haga con su Iglesia en el mundo.
¿Porque el Antiguo Testamento para los Católicos tiene siete libros más que las versiones de las Sectas Protestantes?
Porque los mismos concilios de Obispos de Cristo de todas la naciones, que canonizaron (nombraron santo) a los libros del Nuevo Testamento, también con toda autoridad canonizaron esos siete libros (Tobías, Judith, Baruc, Eclesiástico, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría) dentro los 46 libros Antiguo Testamento, además estos libros se encuentra en la versión griega del Antiguo Testamento llamada de los “Setenta”, la cual los apóstoles citan textualmente unas trescientas veces en el Nuevo Testamento, y cuando Jesús de Nazaret cita el Antiguo Testamento lo hace en más del 90% de las veces de la versión en idioma griego llamada de los Setenta, por ejemplo lo leemos en Lucas 4,18-19 cuando proclama: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” y si Jesús para citar a Isaías 61,1-2 lo hace con la versión de los Setenta, es porque Jesús utiliza y aprueba esta versión que contiene entre sus 46 Libros Sagrados los libros Tobías, Judith, Baruc, Eclesiástico, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría y además los fragmentos de los libros de Ester (10,4-16,24) y Daniel (2,24-30;13;14), que entre algunos Judíos del Siglo Primero después de Cristo, trataron de eliminar, pero los cristianos le damos su justo valor, porque sabemos que son importante (cf Isaías 46,9).
Para los Católicos no tiene validez el protocanon donde los Judíos legalistas de Jamnia eliminaron las partes en idioma griego del Antiguo Testamento (único que ellos reconocen como Palabra de Dios), porque los Judíos que rechazaron a Cristo, perdieron la autoridad sobre la viña del Señor (cf Mateo 21,43; Marcos 12,9; Lucas 20,9-19). Los Judíos en el siglo I después de Cristo, realizaron un Canon, de las sagradas Escrituras, y trataron de eliminar de ellas los escritos que se tratasen de la resurrección y la vida eterna, para negar a Cristo en quién ellos no creyeron, y encontraron que en los libros de los Macabeos se mencionaba directamente cinco veces la “resurrección” y tres veces “la vida eterna” e indirectamente hace referencia otras muchas veces más, y como los Macabeos estaban escrito en griego, eliminaron todos los libros que estaban en griego, pero este canon de estos Judío no es valido para los cristianos, porque ellos no admiten a Cristo, y la excusa del idioma griego tampoco es valido, porque los Evangelios y todo el Nuevo Testamento fue escrito en griego, y son palabra divinamente inspirada. Ni siquiera, todos los apegados a la religión Judia aceptaron esa mutilación a las antiguas Escrituras, de hecho los Judíos de la dispersión (Diásopora) en Alejandría realizaron un segundo canon, declarando que se mantenían aceptando como inspirados los libros en idioma griego del Antiguo Testamento, devolviendo entre ellos, el carácter de sagrado a estos libros.
Lo que más corrobora la Santidad de estos libros es que en el Nuevo testamento se cita unas trescientos cincuenta veces al Antiguo Testamento, de las cuales los expertos bíblicos de todas las denominaciones han comprobado que unas trescientas concuerdan literalmente, palabra por palabra, con el Texto griego de los Setenta “LXX”, lo que comprueba que los apóstoles se servían de la versión griega de los Setenta, como texto sagrado por excelencia, y además demuestra que los libros Deuterocanónicos que ella contiene eran aprobados por los Apóstoles. Aparte hay que decir que ya muchas de las Sectas o Iglesias protestantes ya incluyen de nuevo estos libros en sus Biblias, lastima que en Latinoamérica casi no la distribuya así, pero la Iglesia Católica si difunde la versión Ecuménica “Dios Habla Hoy” que trae la aprobación de la mayoría de la totalidad de las autoridades de las distintas denominaciones cristianas, que es una traducción directa de la Vulgata, y contiene estos siete libros llamados Deuterocanónicos. Para los verdaderos cristianos católicos, lo que tiene validez y es el mandato divino: Examinar, discernir y canonizar las profecías, responsabilidad que recae sobre los discípulos de Jesús y sus sucesores: “No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno, absteneos de todo genero de mal” (I Tesalonicenses 5,19-22).
55. ¿Que otras evidencia tenemos que son revelados los Libros Deuterocanónicos?
Se pudiera mencionar muchas otras evidencias teológicas, históricas o arqueológicas a favor de cada uno de estos libros, pero nos referirnos solamente a las evidencias Bíblicas:
1° - Los dirigentes de la religión Judía perdieron su poder sobres las cosas de Dios: “¿Qué, pues, hará el Señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores y dará a otros su viña” (Marcos 12,9). Por tanto, el canon que realizan en el siglo I después de Cristo, donde eliminan siete libros sagrados, no tiene valides.
2° - Que Cristo dio toda autoridad a su Iglesia “Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades” (Lucas 9,1). “Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo” (Mateo 18,18). Y la Iglesia ejerciendo su autoridad desde el tiempo de los apóstoles, recibió completa la colección del Antiguo Testamento, sin hacer distinción entre protocanónicos o deuterocanónicos.
3° - Que la Iglesia tiene el poder y la misión de discernir las Profecías (cf I Juan 4,1; Hechos 17,11), y debe examinar las revelaciones, con la ayuda del Espíritu Santo, para su perfecta edificación: “No extingáis el Espíritu de Dios; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno, absteneos de todo genero de mal” (I Tesalonicenses 5,19-22). Y cumpliendo esta misión realizó estudios y concilios, y con su poder la Iglesia canonizó la colección de 46 libros del Antiguo Testamento y 27 libros del Nuevo en los primeros siglos de la cristiandad.
4° - El Nuevo Testamento cita unas 300 veces la versión griega “Los Setenta” y casi todas la veces que Jesús cita las antiguas Escrituras también lo hace usando la versión que contiene los 46 libros, lo cual demuestra que los libros Deuterocanónicos que ella contiene eran aprobados por Jesús y los Apóstoles escritores del Nuevo Testamento.
5° - A él Profeta Baruc, el libro de Neemias nombra tres veces, y el libro de Jeremías lo menciona veinte veces, y dice que además su discípulo Barun escribe en un Libro los mensajes recibidos de Dios (Lee Jeremías 56,5-8).
¿Quién canonizó los libros de la Biblia?
La Iglesia Católica, el Papa y los Obispos, sucesores de Pedro y los Apóstoles en el cuarto siglo del cristianismo, se reunieron en concilio, a la Luz del Espíritu Santo, para discernir cuales de los escritos y cartas apostólicas, que estaban en diferente países, dispersas entre las distintas comunidades Cristianas, formaban parte del Libro Santo, y cuales libros de las escrituras del pueblo Judío debían considerarse parte del Antiguo Testamento, y así se nombraron Santos unos escritos, que pasaron a formar parte de la Sagradas Escrituras, y los Obispos ratificaron la totalidad de libros del Antiguo Testamento contenidos en la versión en lengua griega denominada los “Setenta”, algunos de los cuales actualmente no son aceptados por las sectas protestantes, mientras que consideraron necesario someter los del Nuevo Testamento a la infabilidad Papal, y el Papa de entonces en comunión los Obispos, canonizó los libros y cartas tal como actualmente están en el Nuevo Testamento, ejerciendo la autoridad que Dios le delegó (cf Mateo 16,19), y descartando aquellos escritos que no consideró que fuesen autentica Palabra de Dios, obedeciendo el mandato Bíblico: “Desechad lo malo” (I Tes 5,22).
¿Son Iguales las Biblias de las Sectas a la de la Iglesia Católica?
Algunas sectas le han quitado, hasta siete libros de Antiguo Testamentos a sus Biblias, estos Libros Sagrados son: Tobías, Judith, Baruc, Eclesiástico, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría y además fragmentos de los libros de Ester (10,4-16,24) y Daniel (2,24-30;13;14). Las Sectas han dado más valor al canones realizador por los Judíos (que en algunos casos excluyen estos libros), en vez de dar el justo valor al Canon que fue realizado por los cristianos, siendo que después de la venida del Mesías, la única autoridad la tiene los discípulos de Cristo (cf Mateo 18,18).
Las traducciones de algunas sectas no son muy confiables, utilizan vocablos muy difíciles de comprender en pasajes claves, como para oscurecer la verdad, por ejemplo ellos traducen: "A quienes le remitieres los pecados, les son remitidos; y a quienes los retuviereis, les son retenidos" (Juan 20,23) para tratar de tapar la institución del Sacramento del Perdón, colocando una palabra difícil de comprender por la gente sencilla, pero al fin al cabo “remitir” es sinónimo de indultar o perdonar y es por eso que en las versiones Católicas sabiamente se traduce: "A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes no se los perdonen, les quedan retenidos" (Juan 20,23). También hay casos en que una misma palabra o vocablo se traducen con distintos significados de acuerdo a la conveniencia.
Los auto-denominados "Testigos de Jehová", utilizan la versión con más graves errores de traducción, introduciendo cambios y adulteración a la Palabra de Dios, agravando a sus interpretaciones torcidas, las contradicciones que surgen es sus traducciones adulteradas y caprichosas.
Además hay sectas que le añaden libros a la Revelación de Dios, como es el casos principalmente de los Mormones, los Bautistas y Adventistas y otros que también idolatran los escritos y tradiciones de sus fundadores, de los cuales han surgido otras sectas completa y abiertamente contrarías al Santo Evangelio de Cristo, por no tomar en cuenta a la Santa Biblia que dice: “Todo el que se excede y no permanece en la doctrina de Cristo, no posee a Dios. El que permanece en la doctrina, ése posee al Padre y al Hijo”. (II Juan 0,9) llegando a sustituir y negar las más sagradas verdades de fe y hasta el extremo de negar la trilogía de Dios, blasfemando al Dios Cristo céntrico, revelado por las Escrituras: Padre, Hijo y Espíritu Santo, pues han actuado olvidándose la severa amenaza Bíblica: “Yo advierto a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro: «Si alguno añade algo sobre esto, Dios echará sobre él las plagas que se describen en este libro. Y si alguno quita algo a las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la Vida y en la Ciudad Santa, que se describen en este libro” (Apocalipsis 22,19).
. ¿Qué Importancia tiene la tradición oral?
Jesús y sus apóstoles, dejaron el deposito de la fe oral y escrita (cf II Tes 2,15), a su única Iglesia para que no existieran dudas de cómo interpretar las verdades reveladas en la Biblia, y las mantenemos de generación en generación, porque somos herederos directos de las primeras comunidades a las que se les dijo: “Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué... Si no, ¡habríais creído en vano!” (I Corintios 15,1-2). La tradición oral de la Iglesia guarda todo cuanto dijeron los apóstoles cara a cara, así como el testimonio de su ejemplo de vida (Cf II Juan 0,12; III Juan 0,14; I Tim 6,20; Hch 15,41; Col 4,7-10), guarda lo que fue predicado a viva voz, aquello que se refiere San Juan 21,25 que no podrían contener ni todos los libros del mundo; el sentido real de las Escrituras revelado por Cristo, “Y comenzando por Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24,27). Esto que Jesús habla camino a Emaús es los que nos ha abierto para siempre el sentido y la correcta visión de las Escritura (cf Lucas 24,32), y no solo para aquellos discípulos sino para todas las generaciones, que necesitamos esa misma luz, esa es la importancia de la tradición oral.
Debes considerar, mi querido amigo, que la Tradición de la Iglesia es la forma y el contenido de lo que la Iglesia ha transmitido de generación en generación, la forma de interpretar el contenido de la Escritura (como Jesús y sus primeros discípulos la interpretaron) y la manera como ha comprendido el misterio santo de Dios a través de la teología y de cómo ha celebrado este misterio en su liturgia.
No podemos despreciar las palabras, el buen ejemplo de su vida, tenemos que seguir tanto su palabra escrita como su testimonio personal de virtud (cf II Tim 1,13-14) como lo reafirma el mismo San Pablo: “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced ; y el Dios de paz estará con vosotros” (Filipenses 4,9) .
. ¿Porque seguir Tradiciones cuando Jesús las condenó?
Es cierto el Señor condenó las tradiciones que inventaron las sectas de los Fariseos y Saduceos (cf Mc 7,5-13; Gal 1,14; Col 2,16-23), porque enseñaban doctrinas que estaban en contradicción con el amor que debemos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Pero Jesús no condena todas las tradiciones, sino sólo aquellas que no tienen fundamento en la verdad reveladas por nuestro Dios. Jesús y sus apóstoles predicaron a viva voz, y la recopilación de esas santas enseñanzas, se les denomina "la tradición apostólica, así como a escritos de los "Padres de la Iglesia", sobre estos fundamentos, San Juan nos advierte: "En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre" (I Juan 2,24). La tradición oral de la Santa Iglesia, se apoya en los escritos bíblicos de los primeros discípulos de Jesús y de sus apóstoles, que datan de los primeros siglos de la cristiandad, por eso San Pablo refiriéndose a las tradiciones apostólicas nos escribió: "Así que, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta" (II Tes 2,15). "Hermanos, os mandamos en nombre del Señor Jesucristo que os apartéis de todo hermano que viva desordenadamente y no según la tradición que de nosotros recibisteis" (II Tes 3,6). "Os alabo porque en todas las cosas os acordáis de mí y conserváis las tradiciones tal como os las he transmitido" (I Corintios 11,2).
Además la tradición va respaldada por el testimonio de los miembros idóneos de la Iglesia a quienes se les a confiado de generación en generación, para seguir los buenos ejemplos de vivencia de la fe enseñada, como se refiere San Pablo: "Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar a otros" (II Tim 2,2). Otras citas bíblicas que respaldan lo expuesto: Dt 32,7; Pr 22,28; Mt 10,20; Lc 10,16; Jn 16,12-13; II Tim 1,13-14; Col 4,7-10. Por "tradición viva" de la Iglesia se entiende la liturgia, la predicación, la catequesis, el arte... que son algunos canales por los cuales se transmite la verdad revelada. Las obras escritas de los Padres de los primeros siglos de la Iglesia, que fueron discípulos directos de Jesús, de los apóstoles y de los escritores del nuevo testamento.
48. ¿Qué Importancia tiene la tradición oral?
Jesús y sus apóstoles, dejaron el deposito de la fe oral y escrita (cf II Tes 2,15), a su única Iglesia para que no existieran dudas de cómo interpretar las verdades reveladas en la Biblia, y las mantenemos de generación en generación, porque somos herederos directos de las primeras comunidades a las que se les dijo: "Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados , si lo guardáis tal como os lo prediqué... Si no, ¡habríais creído en vano!" (I Corintios 15,1-2). La tradición oral de la Iglesia guarda todo cuanto dijeron los apóstoles cara a cara, así como el testimonio de su ejemplo de vida (Cf II Juan 0,12; III Juan 0,14; I Tim 6,20; Hch 15,41; Col 4,7-10), guarda lo que fue predicado a viva voz, aquello que se refiere San Juan 21,25 que no podrían contener ni todos los libros del mundo; el sentido real de las Escrituras revelado por Cristo, "Y comenzando por Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían" (Lucas 24,27 ). Esto que Jesús habla camino a Emaús es los que nos ha abierto para siempre el sentido y la correcta visión de las Escritura (cf Lucas 24,32), y no solo para aquellos discípulos sino para todas las generaciones, que necesitamos esa misma luz, esa es la importancia de la tradición oral.
Debes considerar, mi querido amigo, que la Tradición de la Iglesia es la forma y el contenido de lo que la Iglesia ha transmitido de generación en generación, la forma de interpretar el contenido de la Escritura (como Jesús y sus primeros discípulos la interpretaron) y la manera como ha comprendido el misterio santo de Dios a través de la teología y de cómo ha celebrado este misterio en su liturgia.
No podemos despreciar las palabras, el buen ejemplo de su vida, tenemos que seguir tanto su palabra escrita como su testimonio personal de virtud (cf II Tim 1,13-14) como lo reafirma el mismo San Pablo: "Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced ; y el Dios de paz estará con vosotros" (Filipenses 4,9) .
Sabiendo que Jesús de Nazaret, fundo su Iglesia, sobre sus doce Apóstoles y les dejó a ellos todo Poder y Autoridad (Lucas 9,1; Mateo 10,40), nos damos cuenta que la Biblia no es la única autoridad de fe, porque el Magisterio de la Iglesia (Mateo 28,20; II Pedro 1,20-21), junto a la Biblia (Mateo 7,26-27; II Timoteo3,16- 4,4; Santiago 1,21-27.) y la Tradición Oral (cf Tes 2,15; Cor 11,2) son las principales autoridades que Jesús instituyó.
Primeramente Jesucristo invistió de poder y autoridad a Pedro y a los apóstoles (Marcos 3,16; Lucas 10,18-20), y a sus sucesores los obispos y presbíteros (cf Hechos 15,22), la Iglesia existió antes que el Nuevo Testamento se escribiera, de hecho, los miembros de la Iglesia son quienes cumple la misión de escribir, reunir y canonizar las Sagradas Escrituras del Nuevo Testamento.
Junto a la Biblia (tradición escrita) es importante la tradición oral, como lo dice la Palabra, son los fundamentos de la fe cristiana: “Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta” (II Tes 2,15). San Juan nos relata que: “Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre” (Juan 20,30-31). Y luego añade: "Aunque tengo mucho que escribirles, prefiero no hacerlo con papel y tinta, sino que espero ir a verles y hablarles de viva voz, para que nuestro gozo sea completo" (II Juan 0,12).
Como hemos analizado, es mucho lo que Cristo y sus discípulos indicaron solo a viva voz (cf Juan 21,25), y San Pablo en II Tes 2,15 y en II Tim 1,13-14 se nos manda a guardar, creer y practicar esas orientaciones a viva voz (a eso llamamos la tradición cristiana), que la Iglesia ha mantenido, de generación en generación, y está recopilada en escritos de los primeros discípulos de los apóstoles, y en la liturgia.
En algunas traducciones de la Biblia, que usan los protestantes, no siempre traducen el vocablo griego “Paradosis” como correctamente corresponde “Tradición” sino que en los pasajes que se condena alguna tradición por ser contraria a la fe, si la traducen bien (Tradición), pero cuando en un pasaje bíblico se habla de las buenas tradiciones cristianas que debemos guardar, traducen el mismos vocablo “Paradosis” como “instrucción” o “doctrina”, lo cual cambia y tuerce el sentido de la Escritura, siendo que en griego (el lenguaje de N.T) instrucción se escribe “paideia” y doctrina se escribe: didace, didescalia, o eterodidaskaleo, ninguna de ellas sinónimo de (tradición). Los mismos Sectarios en sus primeras versiones de la reina-Valera traducían: “Os alabo porque en todas las cosas os acordáis de mi y conservais las Tradiciones (Paradosis) tal como os la he transmitido” (1 Corintios 11,2). Otras citas, para profundizar el tema de la tradición, son: I Cor 11,23; II Tes 3,6; Fil 4,9; I Tim 6,20; II Tim 2,2; II Juan 0,12 y III Juan 0,14.
La Iglesia Católica, es custodia del deposito de la fe (oral y escrita) y ambas tradiciones son muy importantes para poder entender la voluntad de Dios. Por ejemplo la Iglesia ha entendido el Antiguo Testamento según las interpretaciones que Jesús dejo a sus discípulos, gracias a la tradición oral, ya que el evangelio no cuenta que fue lo que dijo textualmente, pero respalda la enseñanza de la Iglesia aludiendo que fue directamente Cristo quién nos lo develó: “Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras” (Lucas 24,27). Y los discípulos desde un principio valoraron tanto las Escrituras, como el testimonio de lo que vieron y oyeron: “Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4,19-20).
Los Apóstoles nos enseñan que junto a la Escritura van la doctrina y la pedagogía pues la Iglesia es Maestra de la Palabra: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para convencer, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena. Te conjuro en presencia de Dios y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a vivos y muertos, por su Manifestación y por su Reino: Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas” (II Tim 3,16- 4,4). En esto consiste el Magisterio de la Iglesia, en que Dios nos encargo la misión de enseñar: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28,19-20). Por esto San Pablo alaba a quienes guardan las tradiciones que son conforme a la enseñanza de los apóstoles (cf I Cor 11,2) es decir a los que estamos en comunión con el magisterio de la Iglesia.
¿Cristo si Iglesia no? ¿Qué Importancia tiene la Iglesia?
La Iglesia es importante para los verdaderos discípulos del Señor Jesús, por ser una institución requerida, instituida y organizada por la voluntad de Dios.
Al cuestionamiento de algunos sectarios diciendo que solo Cristo es necesario y la Iglesia no, porque se tiene la opción de una relación personal con Dios; les responde el Señor edificando una sola Iglesia "… y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia …" (Mateo 16,18), dando poder a la única Iglesia, que es importante porque es el Cuerpo Místico del verdadero salvador, "… Cristo es Cabeza de la Iglesia, el salvador del Cuerpo" (Efesios 5,23). La Iglesia si es de radical importancia porque "Así los puso Dios en la Iglesia, primeramente como apóstoles; en segundo lugar como profetas; en tercer lugar como maestros; luego, los milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad de lenguas" (I Corintios 12,28).
Aunque dolorosamente la Iglesia es despreciada por algunas personas, es la amada del Jesucristo bíblico, "… Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada" (Efesios 5,25-27), quién le da el poder y la comisión de evangelizar, distribuir las gracias; de ser maestra y pastora de toda la creación: «Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio hijo" (Hechos 20,28), y a la cual le garantizó la victoria "…edificaré mi Iglesia, y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella …" (Mateo 16,18). Todos los creyentes en Cristo debemos creer y obedecer a la Iglesia, porque Jesús dijo: "En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida" (Juan 5,24) Y luego añade a los miembros de su Iglesia: «Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado» ( Lucas 10,16) por tanto quienes rechazan a la Iglesia rechazan a quién la edificó, y adquirió con su Divina Sangre, a quién diariamente nos advierte: «No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. (Mateo 7,21)
¿Qué es la Apostasía?
La apostasía es un horrible pecado, de una persona que habiendo sido creyente en Cristo y bautizado en su única Iglesia, después de abrazar la fe en el Señor, se eche atrás y reniegue de la fe en Cristo y su santa Iglesia, sobre lo que el Señor nos alerta: "Dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.» (Lucas 9,62). Por eso debemos perseverar en nuestra fe católica en Cristo encarnado, crucificado y resucitado, librarnos de todo engaño, revisando todo lo que la Santa Biblia dice respecto a cada tema, para no equivocar o torcer, el sentido del Libro Sagrado, no vasta con proclamar que Cristo sea nuestro único y suficiente salvador; el Reino de los cielos es para los que hagamos con perseverancia la voluntad de Dios; “El cual, dará a cada cual según sus obras: a los que, por la perseverancia en el bien busquen gloria, honor e inmortalidad: vida eterna” (Romanos 2,7) pues las referencias Bíblicas, hay que entenderlas según su contexto, atentos y cuidadosos como lo manda la Biblia: "¡Mirad, hermanos!, que no haya en ninguno de vosotros un corazón maleado por la incredulidad que le haga apostatar de Dios vivo" (Hebreos 3,12). «No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial" (Mateo 7,21). “Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. (Lucas 21,19)
¿Que garantiza la sucesión de los Apóstoles en la Iglesia?
Si Cristo es verdadero, y sabemos que lo es, siempre (en todo día, año y tiempo) su Iglesia tiene y tendrá en sus obispos auténticos sucesores de los apóstoles, que jamás caerán en error o apostasía, porque Jesús prometió a sus discípulos y a sus sucesores, estar presente en la medio de la Iglesia hasta el fin asistirlo: " Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado; Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mateo 28,18-20). "Cada uno de los obispos, por su parte, es el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares" (LG 23). Como tales ejercen "su gobierno pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios que le ha sido confiada" (LG 23), asistidos por los presbíteros y los diáconos. Pero, como miembros del colegio episcopal, cada uno de ellos participa de la solicitud por todas las Iglesias (cf. CD 3), que ejercen primeramente "dirigiendo bien su propia Iglesia, como porción de la Iglesia universal", contribuyen eficazmente "al Bien de todo el Cuerpo místico que es también el Cuerpo de las Iglesias" (LG 23). Esta solicitud se extenderá particularmente a los pobres (cf. Ga 2, 10), a los perseguidos por la fe y a los misioneros que trabajan por toda la tierra.
La garantía de está perfecta sucesión es la perenne presencia de Cristo en su Iglesia, su promesa de siempre poder vencer al mal ( Mateo 16,18), su asistencia por medio del Espíritu Santo, su perfecta mediación ante el Padre por su Iglesia, porque se la prepara como esposa pura y santa (cf Efesios 5,27), y en su oración por sus discípulos, avala la sucesión de generaciones: "No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, para que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (Juan 17,20-21) . Para quienes creemos que la oración de Jesús es efectiva y perfecta mediación ante Dios Padre, tenemos que creer que su Iglesia es una para todas las naciones y ha de mantenerse unida en un mismo sentir, con una sola interpretación de la palabra para que el mundo crea, que es Santa (cf Efesios 5,27) sacramento de Dios para toda la humanidad, eso significa Católica (de todos los pueblos y razas), que es apostólica (heredera de los primeros discípulos y guardiana de sus palabras y escritos, según 2 Tes 2,15) y que está sujeta a la autoridades delegadas por Jesús hasta que el vuelva el gloría (Mateo 16,18-19), por eso la llamamos romana, porque es dirigida por los sucesores de San Pedro, que fijaron su residencia en Roma.
. ¿La Biblia es la única autoridad de fe?
Sabiendo que Jesús de Nazaret, fundo su única y suficiente Iglesia, sobre sus doce Apóstoles y les dejó a ellos todo Poder y Autoridad (Lucas 9,1; Mateo 10,40), nos damos cuenta que la Biblia no es la única autoridad de fe, porque el Magisterio de la Iglesia (Mateo 28,20; II Pedro 1,20-21), junto a la Biblia (Mateo 7,26-27; II Timoteo3,16- 4,4; Santiago 1,21-27.) y la Tradición Oral (cf Tes 2,15; Cor 11,2) son las principales autoridades que Jesús instituyó.
Primeramente Jesucristo invistió de poder y autoridad a Pedro y a los apóstoles (Marcos 3,16; Lucas 10,18-20), y a sus sucesores los obispos y presbíteros (cf Hechos 15,22) , la Iglesia existió antes que el Nuevo Testamento se escribiera, de hecho, los miembros de la Iglesia son quienes cumple la misión de escribir, reunir y canonizar las Sagradas Escrituras del Nuevo Testamento.
Junto a la Biblia (tradición escrita) es importante la tradición oral, como lo dice la Palabra, son los fundamentos de la fe cristiana: "Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta" (II Tes 2,15) . San Juan nos relata que: "Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre" (Juan 20,30-31). Y luego añade: "Aunque tengo mucho que escribirles, prefiero no hacerlo con papel y tinta, sino que espero ir a verles y hablarles de viva voz, para que nuestro gozo sea completo" (II Juan 0,12).
Como hemos analizado, es mucho lo que Cristo y sus discípulos indicaron solo a viva voz (cf Juan 21,25), y San Pablo en II Tes 2,15 y en II Tim 1,13-14 se nos manda a guardar, creer y practicar esas orientaciones a viva voz (a eso llamamos la tradición cristiana), que la Iglesia ha mantenido, de generación en generación, y está recopilada en escritos de los primeros discípulos de los apóstoles, y en la liturgia.
En algunas traducciones de la Biblia, que usan los protestantes, no siempre traducen el vocablo griego " Paradosis" como correctamente corresponde "Tradición" sino que en los pasajes que se condena alguna tradición por ser contraria a la fe, si la traducen bien (Tradición), pero cuando en un pasaje bíblico se habla de las buenas tradiciones cristianas que debemos guardar, traducen el mismos vocablo " Paradosis" como "instrucción" o "doctrina", lo cual cambia y tuerce el sentido de la Escritura, siendo que en griego (el lenguaje de N.T) instrucción se escribe "paideia" y doctrina se escribe: didace, didescalia, o eterodidaskaleo, ninguna de ellas sinónimo de (tradición). Los mismos Sectarios en sus primeras versiones de la reina-Valera traducían: "Os alabo porque en todas las cosas os acordáis de mi y conservais las Tradiciones (Paradosis) tal como os la he transmitido" (1 Corintios 11,2). Otras citas, para profundizar el tema de la tradición, son: I Cor 11,23; II Tes 3,6; Fil 4,9; I Tim 6,20; II Tim 2,2; II Juan 0,12 y III Juan 0,14.
La Iglesia Católica, es custodia del deposito de la fe (oral y escrita) y ambas tradiciones son muy importantes para poder entender la voluntad de Dios. Por ejemplo la Iglesia ha entendido el Antiguo Testamento según las interpretaciones que Jesús dejo a sus discípulos, gracias a la tradición oral, ya que el evangelio no cuenta que fue lo que dijo textualmente, pero respalda la enseñanza de la Iglesia aludiendo que fue directamente Cristo quién nos lo develó: "Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras" (Lucas 24,27). Y los discípulos desde un principio valoraron tanto las Escrituras, como el testimonio de lo que vieron y oyeron: "Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído" (Hechos 4,19-20).
Los Apóstoles nos enseñan que junto a la Escritura van la doctrina y la pedagogía pues la Iglesia es Maestra de la Palabra: "Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para convencer, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena. Te conjuro en presencia de Dios y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a vivos y muertos, por su Manifestación y por su Reino: Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas" (II Tim 3,16- 4,4). En esto consiste el Magisterio de la Iglesia, en que Dios nos encargo la misión de enseñar: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mateo 28,19-20). Por esto San Pablo alaba a quienes guardan las tradiciones que son conforme a la enseñanza de los apóstoles (cf I Cor 11,2) es decir a los que estamos en comunión con el magisterio de la Iglesia.
¿La Santa Biblia es de interpretación Personal?
La Palabra de Dios no es de interpretación individual. Solo los apóstoles de Cristo y sus continuos sucesores, que han guardado el depósito de la tradición oral, sin interrupción (de generación en generación), están autorizados a interpretar la sagrada Biblia a la luz del Espíritu Santo y de acuerdo a los signos de los tiempos. Por eso San Pedro, nuestro primer Papa nos dice: "Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios". (II Pedro 1,20-21).
La errada idea de la libre interpretación personal de la Biblia, tan promocionada por Martín Lutero, y tan difundida por el protestantismo, es la causa principal de las divisiones entre las comunidades surgidas en la reforma protestante (cf I Timoteo 1,6); pues cada vez que se les ocurre a alguien una nueva (o torcida) interpretación de algún pasaje bíblico; aparece una nueva secta, esa es la principal causa que no exista la unidad (tan requerida por Cristo en Juan 17,11-23), por esas interpretaciones particulares es que surgen, cada día, nuevas sectas o novedosas denominaciones (contradictorias entre sí) y nuevas fracturas entre los protestantes. Lamentablemente seguirán dividiéndose, mientras no exista en ellas, la analogía de la fe, tan requerida en Rom 12,4-16. Por “analogía de la fe” entendemos la cohesión de las verdades de la fe entre sí y en el proyecto total de la Revelación. Es decir, las verdades reveladas, se complementan y tienen que tener coherencia con el plan de Dios (I Timoteo 1,3-5; Eclesiastés 3,11-16).
Respaldados en las Cartas de San Pedro, para los Católicos, “...La interpretación de la Escritura, queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la Palabra de Dios” (CIC # 119).
¿Por qué la Oración del Rosario?
Dios Padre comunicó a María su fecundidad, en cuanto una pura creatura era capaz de recibirla, para que pudiera engendrar a su Hijo y a todos los miembros de su Cuerpo Místico. Habiendo querido Dios comenzar y culminar sus mayores obras por medio de la Santísima Virgen desde que la formó, es de creer que no cambiará jamás de proceder: es Dios, y no cambia ni en sus sentimientos ni en su manera de obrar” (TVD 14-15).
Oramos con el Rosario, porque Dios Padre manda a el ángel Gabriel saludar así a la Madre de su Hijo: “Dios te salve ¡oh llena de gracia!, el Señor está contigo: Bendita tú eres entre todas las mujeres" (Lucas 1,28), Si los siervos de Dios en el cielo deben saludar así a María, en relación con Mateo 6,10 ¿Los siervos de Dios en la tierra no debemos hacer lo mismo?
Porque Jesucristo, recomienda “Orar siempre” (cf Lucas 18,1) y el Santo Rosario nos facilita cumplir ese mandato, haciendo perseverante nuestra suplica, como lo recomienda la Biblia (cf Rom 1,10; Col 1,3; II Cor 4,1), y en el mismo oramos según el modelo que Jesús nos enseñó (Lc 11,2).
Porque el Espíritu Santo así inspiró alabar a María y a Jesús: “Bendita tú entre las mujeres y bendito sea el fruto de tu seno” (Lucas 1,42). Sí el Espíritu a ti no te inspira alabar así a María y a su Hijo ¿Que espíritu será ese? Lee: I Juan 4,1.
Porque en la Biblia llama Bienaventurado a quién medita en la Palabra de Dios (Salmo 1,1-2), nos aconseja continuamente a meditar en las maravillas de Dios, y el Santo Rosario recordamos y meditamos los hechos más importantes narrados en la Biblia, los momentos gozosos, dolorosos y gloriosos del Evangelio donde se rememora la vida, pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Por tanto quiénes realizamos la Oración del Santo el Rosario obedecemos al mandato del Padre, a la recomendación del Hijo y a la inspiración del Espíritu Santo.
41. ¿Cuáles son las Lecturas Bíblicas que se meditan en el Rosario?
Mediante el Santo Rosario vamos meditando los pasajes más importantes de la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, a continuación las citas Bíblicas que alternativamente se meditan en cada misterio del Rosario:
La anunciación del Nacimiento del Mesías (Lc 1,26-38).
La visita de María Santísima a su parienta Isabel (Lc 1,39-45).
El nacimiento de Jesús (Lc 2,1-20; Ga 4,4).
La presentación del Divino Niño en el templo (Lc 2,21-38).
El Niño Perdido y hallado en el templo (cf Lc 2,41-52).
El Bautismo de Jesús en el Jordán. (Mt 3,11-16; Mc 1,9-10; Lc 3,21-22; Jn 1,32)
El Milagro se Jesús en la Bodas del Caná. (Juan. 2,1-11).
El anuncio de la venida del Reino de Dios. (Mateo 10,7; Marcos 1,15; Lucas 10,9-11).
La transfiguración del Señor. (Lucas 9,30; Mateo 17.2-3).
La Institución de la Eucaristía. (Mt 26,26; Mc 14,21; Lucas 22,19;Lc 24,30; I Cor 11;23).
La agonía de Jesús en el huerto de los olivos (cf Mc 14,26-34; Mt 26,30-46;Lc 22,39-46).
La flagelación el Señor (cf Mc 14,65; Isaías 53,4-9; Mateo 27,26; Juan 19,1).
La coronación de espinas (Mc 15,17; Mt 27,27-33; Jn 19,1-3)
Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario (Mc 15,21-22; Juan 19:16-18).
La crucifixión (cf Mt 15,23-39; Mt 27,34-38; Lc 23,33-34; Jn 19,18-24).
La resurrección (Mc 16,1-20; Mt 28,1-20; Lc 23,1-10; Jn 20,1-10; I Cor 15,3-17).
La ascensión del Señor al Cielo (Mc 16,19; Lc 24,50-53; Ech 1,9-12).
La venida del Espíritu Santo (Joel 3,1; Hch 2,l1-17).
La asunción de María al Cielo (Cant 8,5-7; Ecl 3,21; Jn 14,3; Ap 12,1).
La coronación de la Virgen (Ap 12,1-17; I Cor 9,25).
. ¿Jesús condena orar haciendo repeticiones?
Jesús lo que condena son las vanas repeticiones en la oración, lo vano significa: lo falso lo manipulador, los conjuros esotéricos que usan los Gentiles de su época, no se estaba por ejemplo refiriendo a la oraciones propias de Israel el pueblo de Dios del Antiguo Testamento como Salmos Letanías y Lamentaciones, donde se ora al Señor, repitiendo los Salmos desde tiempo de David, varios siglos antes de Cristo, hasta la actualidad. Pero veamos la cita a la que las Sectas hacen referencia para atacarnos (y según su traducción), para ver bien que dijo Jesús: “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos” (Mateo 6,7), esta oración vana de los gentiles es condenada porque ellos creen en varios dioses (ídolos), en hechizos, conjuros, encantamientos, espiritismo, y usan las palabras en forma supersticiosas, todas estas creencias de los pueblos Gentiles, esta descrita y condenada en Dt 18,9-14. Si Jesús habla de vanas repeticiones ¿Condena toda las repeticiones? Es bueno distinguir sí existen vanas, es porque también existen autenticas, y validas repeticiones, aún cuando estemos recitando oraciones que el Espíritu Santo inspiró en otras personas, antes que a nosotros, por ejemplos los Salmos, que han sido rezados por el Pueblo Judío por miles de años, también Cristo los rezó mucho, incluso en la Cruz recito el Salmo 35 en el verso 5 según San Lucas (23,46) y el Salmo 22,1 según San Mateo (27,46), la Iglesia los a rezado desde el inicio (cf Sal 66,2; I Cor 14,26; Hch 2,42) y los rezará hasta la consumación de los tiempos, como lo recomienda la Palabra: “Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor” (Efesios 5,19).
En la practica, vemos que en las sectas auque se les prohíbe a sus seguidores, repetir la oración que Jesús enseña en el evangelio (Lucas 11,1-ss); se les impulsa a repetir las oraciones de sus fundadores o lideres recopiladas en (devocionarios, cancioneros, seudo liturgias, cultos y libros) y ¿Cómo pueden repetir estos rezos y reprimir los bíblicos?
¿Entonces o distinguimos o confundimos? Hay que diferenciar entre lo verdadero y lo vano , entre lo sagrado y lo profano, quién generaliza trata de confundir, como en el Jardín del Edén, cuando Diablo con astucia y engaño dice a la Mujer: ¿Como es que Dios os ha dicho: No comáis del de ninguno de los arboles del Jardín? (cf Gn 3,1) generalizando cuando en realidad Dios solo prohibió comer del fruto del Arbol de la ciencia del bien y del mal, Adán y Eva podían comer todos los demás s frutos de los Arboles del Jardín (cf Gn 2,16-17), por eso digo quién no distingue, confunde, engaña y enreda.
Jesucristo en Mateo 6,7 condena el modo de oración de los pueblos Gentiles (de creencias politeístas y esotéricas), y no el hecho de repetir oraciones al Dios verdadero, o de hacer oraciones repetitivas, porque estaría en contradicción con los Salmos, varios de los cuales traen letanías, que es un verso que se repite entre cada uno de los versículos del Santo Salmo, como por ejemplo en el Salmo 135 se repite 26 veces la letanía “Porque es eterna su misericordia” en esta hermosa oración de acción de gracias y el Salmo 118 también se repite 5 veces la frase: “Es eterna su misericordia” la letanía no nos lleva al error al contrario este tipo de oración nos lleva a memorizar las verdades reveladas, y a interiorizarlas en nuestro corazón. En la parte vivencial, vemos que en las sectas auque se les prohíbe a sus seguidores, repetir la oración que Jesús enseña en el evangelio (); se les impulsa a repetir las oraciones de sus fundadores o lideres recopiladas en (devocionarios, cancioneros, cultos y libros) y ¿Cómo pueden repetir estos rezos y reprimir los bíblicos?
Cuentan los evangelistas que en el Montes de los Olivos Jesús “Se fue otra vez a orar repitiendo las mismas palabras” (Mc 14,39), esa oración rezaba así: “¡Oh Padre, Padre mío!, decía, todas las cosas te son posibles, aparta de mí este cáliz, mas no sea lo que yo quiero, si no lo que tu” (Mc 14,36) y por tres veces repitió esa misma oración (Lee Lucas 26,39-44) en conclusión el ejemplo de Jesús es lo que debemos seguir y no doctrinas inventadas por hombres sectarios (Cf Mc 7,7; Rom 16,17; Ef 4,14).