Es un hecho irrefutable del que somos testigos: que la gran rebelión contra Dios se está originando en la misma cúspide de la Iglesia. Así como los ángeles apóstatas eligieron unirse a la rebelión contra Dios, los modernistas se han unido a la rebelión de Bergoglio y Prevost contra Dios y la Iglesia de Cristo.
Roma —a la deriva bajo el liderazgo del homosexual Tucho, el activista gay Prevost y sus cómplices— ha rechazado el Evangelio de Cristo.