"Ignacio de Loyola: Leyenda y realidad", escrito por Pierre Emonet, se propone como una obra fundamental para desentrañar la verdadera figura histórica del fundador de la Compañía de Jesús. A través de sus páginas, el autor invita al lector a realizar una incursión en las fuentes primarias —como el Relato del Peregrino, su Diario Espiritual y su correspondencia— para descubrir a la persona que se esconde tras el personaje.
El libro nace de la necesidad de navegar entre dos visiones contrapuestas que han perdurado por siglos: la "leyenda dorada", que construye una imagen hagiográfica e idealizada del santo, y la "leyenda negra", que lo retrata como un estratega militarista o un buscador de poder. Emonet utiliza el contraste planteado por Miguel de Unamuno sobre la vida y la muerte para señalar que, aunque Ignacio tuvo una muerte "harto ordinaria" en 1556, su vida fue una trayectoria extraordinaria marcada por la transformación.
Este prólogo nos prepara para recorrer el itinerario de un hombre que comenzó como un gentilhombre vasco ambicioso y "dado a las vanidades del mundo", pero cuyo destino dio un giro radical tras ser herido por una bala de cañón en Pamplona en 1521. La obra detalla cómo aquel soldado se convirtió en un peregrino que, tras su dura "escuela" en Manresa y su búsqueda en Jerusalén, comprendió que su misión era "ayudar a las almas" en el mundo entero.
Emonet destaca conceptos clave que definen la espiritualidad ignaciana, como el discernimiento de espíritus nacido de su propia introspección y la capacidad de "encontrar a Dios en todas las cosas", una visión mística que rompió la división entre lo sagrado y lo profano. Asimismo, el libro no rehúye los aspectos más humanos y complejos de Ignacio: sus crisis de escrúpulos, sus tensiones con la Inquisición, sus relaciones con las mujeres y los grandes de su tiempo, y los conflictos internos con sus propios compañeros.
En última instancia, esta obra presenta a Ignacio de Loyola como un gran innovador que, mediante los Ejercicios Espirituales y la fundación de una Orden original, introdujo a la Iglesia en los tiempos modernos, enseñando al hombre a ser un sujeto responsable, autónomo y libre. Es un retrato de un hombre ordinario con una santidad poco ordinaria, cuya esencia fue, por encima de todo, el servicio.