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Documento del cardenal Roche contra la misa en rito romano

El cardenal Arthur Roche distribuyó la semana pasada en el consistorio de León XIV un texto sobre la liturgia. El periodista Nico Spuntoni publicó el informe de dos páginas (facsímil a continuación). Se trata de una firme defensa de la Traditionis Custodes.

El informe era uno de los cuatro textos distribuidos a los cardenales. Los otros fueron redactados por los cardenales Tucho (Fe), Grech (Sínodo) y Baggio (Desarrollo humano).

El rechazo ideológico más fuerte a la misa en el rito romano está en cuatro citas tomadas de Francisco en los puntos 9, 10 y 11 del informe:

- "Por esta razón no podemos volver a aquella forma ritual que los Padres conciliares, cum Petro et sub Petro, sintieron la necesidad de reformar".

- "El uso de los libros litúrgicos que el Concilio trató de reformar fue... una concesión que en modo alguno preveía su promoción".

- "Los libros litúrgicos promulgados por los santos Papas Pablo VI y Juan Pablo II... son la única expresión de la lex orandi del Rito Romano".

- "No veo cómo es posible decir que se reconoce la validez del Concilio y al mismo tiempo no aceptar la reforma litúrgica nacida de la Sacrosanctum Concilium".

Texto completo del cardenal Roche sobre la liturgia

1. En la vida de la Iglesia, la Liturgia siempre ha sufrido reformas. De la Didachè a la Traditio Apostolica; del uso del griego al del latín; de los libelli precum a los Sacramentarios y las Ordines; de los Pontificales a las reformas franco-germánicas; de la Liturgia secundum usum romanae curiae a la reforma tridentina; de las reformas parciales post-tridentinas a la reforma general del Concilio Vaticano II. La historia de la Liturgia, podríamos decir, es la historia de su continua "reforma" en un proceso de desarrollo orgánico.

2. San Pío V, al afrontar la reforma de los libros litúrgicos en cumplimiento del mandato del Concilio de Trento (cf. Sesión XXV, Decreto general, cap. XXI), se sintió movido por la voluntad de preservar la unidad de la Iglesia. La bula Quo primum (14 de julio de 1570), con la que se promulgó el Misal Romano, afirma que "así como en la Iglesia de Dios hay un solo modo de recitar los salmos, así debe haber un solo rito para celebrar la misa"(cum unum in Ecclesia Dei psallendi modum, unum Missae celebrandae ritum esse maxime deceat).
3. La necesidad de reformar la Liturgia está estrictamente ligada al componente ritual, a través del cual -per ritus et preces (SC 48)- participamos en el misterio pascual: el rito se caracteriza en sí mismo por elementos culturales que cambian en el tiempo y en los lugares.

4. Además, puesto que "la Tradición no es la transmisión de cosas o palabras, una colección de cosas muertas", sino "el río vivo que nos une a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes están siempre presentes" (Benedicto XVI, Audiencia general, 26 de abril de 2006), podemos afirmar ciertamente que la reforma de la Liturgia querida por el Concilio Vaticano II no sólo está en plena sinergia con el verdadero sentido de la Tradición, sino que constituye una forma singular de ponerse al servicio de la Tradición, porque ésta es como un gran río que nos conduce a las puertas de la eternidad (ibid.).

5. En esta visión dinámica, "mantener la tradición sólida" y "abrir el camino al progreso legítimo" (SC 23) no pueden entenderse como dos acciones separables: sin un "progreso legítimo" la tradición se reduciría a una "colección de cosas muertas" no siempre todas sanas; sin la "tradición sólida" el progreso corre el riesgo de convertirse en una búsqueda patológica de la novedad, que no puede generar vida, como un río cuyo camino se bloquea separándolo de sus fuentes.

6. En el discurso a los participantes en la Plenaria del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (8 de febrero de 2024), el Papa Francisco se expresó así: "Sesenta años después de la promulgación de la Sacrosanctum Concilium, las palabras que leemos en su introducción, con las que los Padres declararon la finalidad del Concilio, no dejan de entusiasmar. Son objetivos que describen un deseo preciso de reformar la Iglesia en sus dimensiones fundamentales: hacer que la vida cristiana de los fieles crezca cada día más; adaptar más convenientemente a las necesidades de nuestro tiempo aquellas instituciones que están sujetas a cambios; fomentar todo aquello que pueda promover la unión entre todos los que creen en Cristo; revigorizar aquello que sirve para llamar a todos al seno de la Iglesia (cf. SC 1). Es una tarea de renovación espiritual, pastoral, ecuménica y misionera. Y para llevarla a cabo, los Padres conciliares sabían por dónde tenían que empezar, sabían que había razones particularmente convincentes para emprender la reforma y la promoción de la liturgia" (Ibid.). Es como decir: sin reforma litúrgica, no hay reforma de la Iglesia".

7. La reforma litúrgica se elaboró sobre la base de una "investigación teológica, histórica y pastoral precisa" (SC 23). Su alcance era hacer más plena la participación en la celebración del Misterio Pascual para una renovación de la Iglesia, Pueblo de Dios, Cuerpo Místico de Cristo (véanse los capítulos I-II de LG), perfeccionando a los fieles en la unidad con Dios y entre ellos (cf. SC 48). Sólo a partir de la experiencia salvífica de la celebración de la Pascua, la Iglesia redescubre y relanza el mandato misionero del Resucitado (cf. Mt 28, 19-20) y se convierte, en un mundo desgarrado por la discordia, en levadura de unidad.

8. También debemos reconocer que la aplicación de la Reforma adoleció y sigue adoleciendo de falta de formación, y esta urgencia de abordar, comenzando por Seminarios para "dar vida al tipo de formación de los fieles y al ministerio de los pastores que tendrán su cumbre y su fuente en la liturgia"(Instrucción Inter ecumenici, 26 de septiembre de 1964, 5).

9. El bien primario de la unidad de la Iglesia no se consigue congelando la división, sino encontrándonos en el compartir de lo que no puede sino ser compartido, como dijo el Papa Francisco en Desiderio desideravi 61: "Estamos llamados continuamente a redescubrir la riqueza de los principios generales expuestos en los primeros números de la Sacrosanctum Concilium, captando el íntimo vínculo entre esta primera de las constituciones del Concilio y todas las demás. Por eso no podemos volver a aquella forma ritual que los Padres conciliares, cum Petro et sub Petro, sintieron la necesidad de reformar, aprobando, bajo la guía del Espíritu Santo y siguiendo su conciencia de pastores, los principios de los que nació la reforma. Los santos pontífices San Pablo VI y San Juan Pablo II, aprobando los libros litúrgicos reformados ex decreto Sacrosancti Oecumenici Concilii Vaticani II, han garantizado la fidelidad de la reforma del Concilio. Por eso escribí Traditionis custodes, para que la Iglesia eleve, en la variedad de tantas lenguas, una misma oración capaz de expresar su unidad. [Cf. Pablo VI, Constitución apostólica Missale Romanum (3 de abril de 1969) en AAS 61 (1969) 222]. Como ya he escrito, pretendo que esta unidad se restablezca en toda la Iglesia de rito romano".

10. El uso de los libros litúrgicos que el Concilio pretendía reformar fue, de San Juan Pablo II a Francisco, una concesión que en modo alguno preveía su promoción. El Papa Francisco -al tiempo que concedía, de acuerdo con la Traditionis Custodes, el uso del Missale Romanum de 1962- señaló el camino hacia la unidad en el uso de los libros litúrgicos promulgados por los santos Papas Pablo VI y Juan Pablo II, de acuerdo con los decretos del Concilio Vaticano II, única expresión de la lex orandi del Rito Romano.

11. El Papa Francisco resumió la cuestión de la siguiente manera(Desiderio desideravi 31): "[...] Si la liturgia es 'la cumbre hacia la que se dirige la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de la que mana todo su poder'(Sacrosanctum Concilium, n. 10), pues bien, podemos comprender lo que está en juego en la cuestión litúrgica. Sería trivial leer las tensiones, desgraciadamente presentes en torno a la celebración, como una simple divergencia entre gustos diferentes en torno a una forma ritual particular. La problemática es ante todo eclesiológica. No veo cómo es posible decir que se reconoce la validez del Concilio -aunque me asombra que un católico pueda presumir de no hacerlo- y al mismo tiempo no aceptar la reforma litúrgica nacida de la Sacrosanctum Concilium, un documento que expresa la realidad de la Liturgia íntimamente unida a la visión de Iglesia tan admirablemente descrita en la Lumen gentium. [...]"

Roma, 8.01.2026

Imagen: © Mazur/cbcew.org.uk, CC BY-NC-ND, Traducción IA


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