Es claro que en defensas de la fe, Jesús enarboló la bandera del martirio, como hizo Él mismo. El quinto es no matar, ni en contra de unos ni a favor de otros.
El caso de Judit, en la Biblia, es altamente comprometido, pero cierto y verídico, algo que acepta el Creador: defenderse del enemigo causándole el mínimo daño. Así fue como Judit lo hizo: solo mató a uno.
Este sacerdote podría haber tomado ejemplo en Judit, y quizás tendría una excusa ante el cielo, pero la muerte indiscriminada de personas de a pie no ha lugar.
Si alguien al día de hoy, y actuando como Judit (quizás haciéndose pasar por prostituta), le cortase la cabeza a un presidente de nación que promueve una guerra de invasión contra un país soberano, creo que Dios no culparía a quien lo hiciese. Creo que quien llevase a cabo esa acción de decapitar al homicida, no pecaría.
Si alguien en su tiempo, modo y momento, hubiese cortado la cabeza de Napoleón, creo que habría obtenido la total indulgencia del cielo. Y si a Hitler, igualmente habría sido totalmente inocente en su acción de decapitación. Eso y no otra cosa, es el mínimo que acepta Dios.
Pero este sacerdote con su acción indiscriminada de violencia, atravesó el mínimo permitido por Dios como defensa.