¿Qué es el hombre? El trabajo, realización del hombre. José Luis Illanes. Universidad de Navarra.
¿Qué es el hombre?
Lecciones de antropología filosófica y teológica. 6ª lección: El trabajo como realización del hombre y camino de santificación
Digitalizadas en 2009 a partir del original analógico, grabadas en 2000.
José Luis Illanes. Profesor Ordinario Emérito de Teología Dogmática y Fundamental y de Teología Espiritual, Facultad de Teología, Universidad de Navarra.
Contenido:
Reflexión antropológica sobre el trabajo y su significado en la vida humana:
1. El trabajo es una realidad exclusivamente humana (Juan Pablo II, Laborem exercens, n. 5).
Esto es cierto también en un contexto de trabajo ayudado por las máquinas.
La naturaleza también produce cosas, pero no trabaja. El trabajo implica un excedente sobre la naturaleza.
Permite trascender las cosas inmediatas, con un proyecto al actuar.
El trabajo humano es expresión de la trascendencia del hombre sobre la naturaleza y, por tanto, de su espiritualidad (de, en expresión de Hegel, de negar lo inmediato -Lecciones de filosofía de Jena-).
Realmente, es más. Es la capacidad de amar y de amar infinitamente.
2. El trabajo es una realidad específica o característicamente humana.
El hombre necesita trabajar, le es consustancial.
El trabajo es expresión de la corporalidad y espiritualidad del hombre y, por tanto, de su relación con el cosmos y con la historia.
El hombre no es sólo un espíritu que habita un cuerpo. Por tener cuerpo, forma parte del mundo. A la vez lo domina.
El hombre se realiza con los actos que dominan el mundo, manifestando así su espiritualidad.
Sin asumir una tarea e irla realizando progresiva y esforzadamente, el ser humano no se realiza.
La ausencia de trabajo, la ausencia de empeño, desemboca en la destrucción de la personalidad, que, en cambio, se perfila y conforma en el proceso de trabajar.
3. Condición social del trabajo.
Al trabajar nos relacionamos con el cosmos y con los demás a la vez.
El trabajo nunca es fruto de la acción de un hombre solo.
Consecuencias:
a) La división del trabajo, que estructura las sociedades.
b) La historicidad del trabajo, que es fruto de técnicas heredadas.
El origen o fundamento del trabajo, como el de la sociedad en general, no radica meramente en el interés o la necesidad, sino en la sociabilidad. La división del trabajo no es sólo cuestión de efectividad, sino de relaciones humanas.
El trabajo como actividad social manifiesta también el carácter trascendente y espiritual del hombre. Por eso, los medios de producción y los resultados del trabajo están subordinados al hombre que trabaja. La técnica presupone la espiritualidad del hombre y, por tanto, su libertad.
Por eso, la historia no es un proceso necesario, sino que pasa por la libertad humana.
Posibilidad de desacople entre el desarrollo técnico y el crecimiento humano.
El trabajo nace de la espiritualidad del hombre, y apunta al crecimiento en las relaciones con los demás, percibiendo la hondura de cada ser humano.
4. El trabajo debe de comprenderse en el contexto de dos afirmaciones cristianas fundamentales, la creación y la redención.
La trascendencia del hombre no es sólo trascendencia de lo material sino alcance de realidades espirituales.
El hombre, creado a imagen de Dios, está llamado, en Cristo, a la participación en la vida trinitaria, realidad que repercute sobre el trabajo dotándolo de pleno valor y riqueza.
La revelación muestra que estamos llamado a Dios, pero con la realidad del pecado a la vez. Éste ha sido vencido con la victoria de Cristo.
En este contexto, el trabajo tiene como meta la plenitud a la que Dios nos llama.
El trabajo construye la historia y la cultura, y también construye la historia de la redención que Dios construye.
La plenitud final sobrepasa lo humano, y es don de Dios. Pero es un regalo de Dios que se prepara a través de la historia. Preparamos el don de Dios con nuestra tarea.
El trabajo debe ser vivido con conciencia de una meta trascendente.
El trabajo no es sólo expresión del dominio del hombre sobre la materia y realización de su sociabilidad sino, inseparablemente, participación en el designio creador y redentor divino. Es camino para nuestra propia santidad y la de los demás.
Estos tres elementos pueden ser vividos en todo trabajo.
Cita conclusiva: San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 47.
El trabajo humano adquiere todo su relieve cuando se vive desde la fe.
Bibliografía
Concilio Vaticano II, Constitución Gaudium et Spes, nn. 33-39.
Juan Pablo II. Encíclica Laborem exercens.
José Luis Illanes. Ante Dios y el mundo. Apuntes para una teología del trabajo. Pamplona, 1997.
José Luis Illanes. La santificación del trabajo. Madrid, 1980.