El príncipe Eugenio y el Imperio Otomano: Momento de decisiones.
Cuando el príncipe Eugenio de Saboya decide desobedecer las órdenes del rey y atacar a Mustafa II el 11 de Septiembre de 1697, se lo juega todo pero logra salir victorioso en la famosa Batalla de Zenta.
A mediados del siglo XVII, el Imperio Otomano logra frenar la anarquía durante un tiempo y realizar una recuperación efímera pero espectacular. Esta recuperación vendrá dada por dos grandes visires: Mehmed Köprülü y su hijo Fazil Ahmed. Con ellos y a pesar de la derrota en la Batalla de San Gottardo (1664) se confirma la autonomía de Transilvania bajo autoridad turca, el Imperio otomano conquista Candía a los venecianos a pesar de la defensa de su dux Contarini y obtiene por esta conquista la isla de Creta. También emprende en la década de los setenta dos guerras victoriosas contra la Mancomunidad Polaco-Lituana. Pero esta recuperación es de corta duración y tras el Sitio de Viena, y la consiguiente derrota frente a las tropas germano-austro-polacas dirigidas por Juan III Sobieski en la batalla de Kahlenberg, se forma una Liga Santa que agrupa al Sacro Imperio Romano Germánico, Venecia, Polonia y algo más tarde a Rusia.
Mientras los rusos atacan Crimea y los venecianos Morea y el Ática (destrucción parcial del Partenón en 1687), los Imperiales dirigidos por Eugenio de Saboya toman Buda en 1686 y Belgrado en 1688. La guerra de los Nueve Años distrae al Emperador y se acumulan efectivos en occidente, por lo que los turcos reconquistan Belgrado (1690) y expulsan a los venecianos de Morea. Al año siguiente Luis Guillermo de Baden-Baden conquista toda Transilvania. La guerra continuó en un estado de punto muerto durante los seis años siguientes.
La batalla de Zenta se enmarca dentro de la Guerra de la Liga Santa y enfrentó el 11 de septiembre de 1697 a un ejército del Sacro Imperio Romano Germánico de 50.000 hombres, bajo el mando de Eugenio de Saboya, contra un importante ejército otomano de más de 80.000 hombres al mando del Sultán Mustafa II. La batalla terminó con la victoria imperial.
El ejército turco, dos veces más numeroso que el Imperial, estaba apostado entre Bcrlek y Zénta, en una llanura regada de muchos arroyos, la cual se extiende a la derecha y a la izquierda hasta el Danubio, y se habían levantado allí dos trincheras, de las cuales la primera estaba guarnecida por 100 piezas de artillería. El Príncipe Eugenio empezó el combate al hacer huir a dos mil spahis, a quien se obligó a replegarse dentro de las trincheras, y tras algunas descargas de artillería de los turcos, el ejército imperial avanzó el ala izquierda comandada por Rabutin, inclinándose un poco hacia la derecha, y el conde Starhemberg, que mandaba la derecha, para hacer el mismo movimiento a la izquierda, por lo tanto, se abrazaron en un semicírculo. Los turcos atacaron a la izquierda imperial y Eugenio envió cuatro batallones de la segunda línea que -contaban con la ayuda de la artillería- para dispersar a la caballería y para abrir una brecha en las trincheras. Eran las seis de la tarde: se inició el asalto. La infantería se arrojó a las trincheras con la bayoneta calada, y estaba sostenida por la caballería, que avanzó hasta la orilla del foso, el cual tardó muy poco en llenarse. Los turcos, imposibilitados de resistir este asalto, cedieron primero en su derecha, después en su frente y finalmente por todas partes. Los imperiales los siguieron hasta su trinchera interior y fue grande la mortandad, porque el puente se hallaba muy estrecho para dar paso a todo un ejército desordenado, y la mayor parte de los que se echaron al río se ahogaron.
No se pudo conocer bien las pérdidas de los turcos hasta el día siguiente, cuando se halló la tierra toda cubierta de cuerpos muertos. Del numeroso ejército otomano, veinte mil hombres perecieron en el campo de batalla, diez mil en las aguas: Elmas Muhammed Bajá, persuadido de la suerte que le estaba reservada, prefirió morir combatiendo: pereció en la refriega con un gran número de bajás. Los oficiales cogieron un inmenso botín: además de la artillería, los bagajes y las cajas del ejército, se apoderaron de un tesoro bastante rico perteneciente al sultán, de diez mujeres de su harén, de sus coches, del sello del imperio, de siete colas de caballo y de cuatrocientas banderas, 72 cañones, 505 barriles de pólvora, 48 pares de timbales, 500 tambores e incluso de varios camellos. El Sultán, que se encontraba en la otra orilla del Tisza, huyó una vez vio perdida la batalla, y a toda prisa llegó a Temeswar, donde se ocupó en reemplazar los altos dignatarios que habían perecido en la derrota de Zenta.
Tras la batalla de Zenta, Eugenio envió a Vaudemont para llevar la noticia a Viena. Procedió a introducirse en Bosnia, donde se tomaron y destruyeron los castillos de Dobay,Maglay, Schebze, Bronduckj y Sarajevo, ciudad rica y comerciante, donde había más de 30.000 habitantes, y que fue enteramente arruinada, y volvió a sus cuarteles de invierno en Hungría.
Príncipe Eugenio Francisco de Saboya (en francés: Eugène de Savoie, en alemán: Prinz Eugen von Savoyen, en húngaro:Savoyai Jenő), (18 de octubre de 1663 en París – 21 de abril de 1736 en Viena) fue uno de los más brillantes generales que sirvió a Austria durante las guerras donde fueron expulsados los turcos otomanos de los territorios austriacos, húngaros y serbios a finales del siglo XVII.
Expulsión de los turcos de Viena
Desairado en sus pretensiones, ofreció sus servicios al Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Leopoldo I de Habsburgo. En julio de 1683 tuvo noticia de que su hermano, el coronel Luis Julio de Saboya, había caído en Petronell luchando contra los tártaros de Crimea. Con la esperanza de obtener el regimiento de dragones que mandaba su hermano, se dirigió a Passau (Baviera) para entrevistarse con el emperador Leopoldo I, quien le nombró oficial. El emperador germánico no le concedió el mando solicitado, por lo que el joven teniente coronel se alistó en las tropas que fueron a socorrer a Viena, la cual se encontraba en ese momento asediada por los turcos (1683). Así, Eugenio tomó parte en la Batalla de Kahlenberg junto a su primo Luis Guillermo de Baden, apodado Luis el turco.
Las batallas resultaron victoriosas para el Sacro Imperio, y los turcos se vieron forzados a huir hacia el Este, refugiándose en los territorios húngaros y abandonando los austriacos.
Ocupación de los territorios húngaros y expulsión de los turcos
De inmediato, ante el debilitamiento turco otomano, el Emperador germánico Leopoldo I vería la oportunidad perfecta para recuperar los territorios húngaros que se hallaban en manos turcas desde 1526. Así, enviaría sus ejércitos comandados por Eugenio de Saboya y en 1686 lograrían ocupar la ciudad de Buda, capital del reino húngaro. Se sucederían después una serie de batallas a lo largo del territorio húngaro, incluyendo la toma de Belgrado en 1688.
Ya en 1683 había sido nombrado coronel de su propio regimiento de dragones y a partir de entonces fue ascendiendo en la escala militar hasta llegar a general de caballería en 1690 y mariscal de campo en 1693.
En 1696 mandaba el ejército imperial en el norte de Italia y un año después dirigió la contraofensiva en Hungría contra los turcos. Su fama de estratega la adquirió con la victoria decisiva que consiguió en la batalla de Zenta (1697), al aniquilar al grueso del ejército otomano cuando cruzaba un río. Acto seguido conquistó Sarajevo, mandando incendiar la ciudad, hecho que hoy todavía se recuerda. El sultán turco se vio obligado a firmar la paz de Carlowitz en 1699 y, como consecuencia de esta campaña, la parte de Hungría ocupada por los turcos, Transilvania y Eslavonia pasaron a dominio austriaco. Con esto se consumaría la expulsión de los turcos del territorio húngaro y sus dependencias, y de esta forma, éstos pasarían en su totalidad a manos del emperador germánico, quien se haría coronar como rey de Hungría.