Gottlob

¿Todos los cardenales y obispos de la Iglesia son católicos?

Una de las primeras tareas que realizan los misioneros en los nuevos destinos, imagino que debe ser el aprender el idioma, porque ¿para qué evangelizar, si no es para incorporar nuevas almas a la unidad de la familia católica? ¿Y cómo acercarnos unos a otros, si no nos podemos comprender? Paralelamente, uno de los principales oficios misioneros es enseñar el “idioma católico”, es decir, la fe. ¿Hasta aquí de acuerdo?

Bien; la pregunta es ahora: ¿puede haber unidad verdadera sin compartir algún tipo de “idioma común” a través del cual se comuniquen y asocien los corazones?

No; no hablaré del latín, enristrad las lanzas o cerrad los paraguas, que “los tiros” no vienen por ahí, y ni siquiera hay tiros, sino sinceras preguntas, que buscan misericordiosas respuestas.

Me determino a exponer algunas inquietudes, porque sigo creyendo a pie juntillas (otro año más, por gracia de Dios) que somos hijos de la Luz, y que la luz rompe las tinieblas: no se “une” a ellas(puede ser que la Luz sea un poco intolerante…).

La cuestión es, entonces: ¿qué sentido tiene hablar de unidad si se renuncia al factor que la procura? ¿Qué valor tiene la unidad, si no es para un fin en común? ¿Significa lo mismo unidad que rejunte?Nuestro Señor dice “Padre, que sean uno, como Tú y Yo somos Uno…”, y ese “como” tiene un valor modal y condicional: que no sean uno “a costa de cualquier cosa”, “de cualquier manera”, sino “bajo condición de ser” como las Personas Divinas. ¿Cómo se unen el Padre y el Hijo? En el Espíritu Santo, que es Espíritu de Verdad. Se trata, pues, de laCaridad en la Verdad, no de un “pegoteo” con chicle.

¿Por qué no puede concebirse la unidad de Dios con los espíritus infernales? ¿Por qué, si Nuestra Señora es Reina de la Paz, sigue aplastando a la Serpiente?

La Iglesia Católica es Cuerpo Místico de Cristo. No es una ONG, ni un club deportivo, ni una Sociedad Anónima. ¿Cuál es el “idioma” que nos une a ese bendito Cuerpo, más allá de nuestras miserias y talentos? Una fe común; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo (Ef. 4,5-6). ¿Afirmar esto, es acaso atrevido o escandaloso para algunos en esta época…?





Algunos se preguntan, entonces: ¿es católico un cardenal que niega la Resurrección de Cristo como hecho histórico?; ¿o el que duda que “Dios los creó varón y mujer”, sosteniendo que la Iglesia debe bendecir la sodomía?; ¿es católico un obispo que piensa que para absolver válidamente no es necesario el propósito de enmienda?; ¿y uno que no cree que exista el infierno, o que el pecado original es un “invento de San Agustín”?; ¿Y el que aconseja a una congregación de religiosas que para probar su vocación asistan a ver películas con sexo explícito, acompañadas por seminaristas, u otro que en conversación con éstos, se burla de la pureza?; ¿y un obispo que adhiere firmemente a la revolución marxista incluyendo la vía armada?; ¿y podemos llamar católico a un Arzobispo que no sólo tolera sino que incluso alaba y promueve la colaboración de la Iglesia con la Masonería?…

Según el principio de no contradicción, algo no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido.

Y no me refiero a casos hipotéticos, sino a situaciones reales, que padecemos hoy en nuestra Iglesia, y por los cuales urge suplicar misericordia y conversión, pero también estar alertas, porque no parece conveniente saciar la sed de una fuente envenenada, y el saber discernir es necesario para la virtud de la prudencia.

Hace unos días, leía en un comentario de otro blog, referido a ciertos antecedentes bastante desalentadores de unos cardenales: “Lástima que algunos respiran odio por la Iglesia. Recordemos lo que decía el Beato Pablo VI: “Quien conoce el misterio de la Iglesia no puede sino amarla y amarla profundamente a pesar de sus deficiencias". Los hombres de Iglesia no son ángeles…nadie hay perfecto. Oremos por ellos y por los que denigran la Iglesia.”

Adelantándome a este tipo de reacciones, diré que como no somos protestantes, no aborrecemos la razón, y precisamente por amor a la Iglesia, es deber de misericordia ayudarnos mutuamente y advertir cuando en la carrera vemos que algún hermano nuestro -sea laico, consagrado o pastor- está por estrellarse porque se le ha “estropeado la brújula” o simplemente porque “un ciego no puede guiar a otro ciego”(Lc.6,39; Mt.15,14)… Y si recurrimos a “diferentes diccionarios”, será difícil entendernos, o llegar a la misma meta, y así se lamentaba Isaías: “Ay de los que llaman al bien, mal, y al mal, bien..!“(Is.5,20). Por el contrario, «El vínculo de fraternidad es tanto más fuerte cuanto más central y vital es lo que se pone en común» (Instrucción “Al servicio de la autoridad y la obediencia”, n.20). Haremos bien en revisar, entonces qué es lo que nos une: ¿la simpatía de la carne, las apariencias, la moda, o la misma fe?

Fe y razón: ambas “alas” son necesarias al alma humana para llegar con caridad a la única Verdad que nos hace libres.

Y porque un requisito para la unidad tan preciada es el conocimiento mutuo, saber quién es quién ayuda a comprender mejor sus palabras, y hacia dónde va; como quien dice, “diccionario y plano de ruta”. Simplemente porque la confusión es una cosa muy fea…

Es tiempo entonces de tener muy presente la recomendación de San Agustín, Obispo católico, cuando aconsejaba a los catequistas (De catechizandis rudibus), acerca del trigo y la cizaña, irremediablemente entremezclados en este tiempo de la Iglesia, hasta la Siega -que no nos corresponde a nosotros-:

“53. Todas las cosas que ahora suceden en la Iglesia de Dios bajo el reinado de Cristo estaban profetizadas desde muchos siglos, y como están escritas, así las vemos cumplidas para confirmación de nuestra fe (…). 54. Pues las cosas que faltan, ¿no se cumplirán de la misma manera? Aún han de venir las tribulaciones de los justos, la resurrección de los muertos y el día del juicio final, en el cual serán separados de los justos, no solamente los impíos que se quedaron fuera de la Iglesia, sino también los que en la Iglesia no fueron sino paja que hay que tolerar hasta el día de la resurrección, (…) 55. Creyendo todas estas cosas, prevente contra las tentaciones, porque el demonio busca compañeros de su perdición; ten cuidado que no te seduzca el enemigo por medio de aquellas que están fuera de la Iglesia, paganos, judíos y herejes. Pero aun cuando dentro de la misma Iglesia veas que muchos viven mal, (…) no los imites, más bien júntate con los buenos, que los encontrarás fácilmente si quieres ser uno de ellos, para que todos juntos amasen a Dios generosamente sin esperar premio terreno, pues Él mismo será nuestro premio cabal, cuando en aquella vida feliz gocemos de su bondad y su hermosura. Debemos amarle, no como se aman las cosas que se ven con los ojos, sino como se ama la sabiduría, la verdad, la santidad, la justicia, la caridad; y no como se ven estas cosas en los otros hombres, sino como una fuente inmutable e incorruptible. (…) Imita a los buenos, sufre a los malos, ama a los que hoy son malos. No ames su injusticia, sino a ellos mismos, para que encuentren la justicia: porque no sólo tenemos precepto del amor de Dios, sino también del amor del prójimo, y en estos dos preceptos está encerrada toda la ley y los profetas, la cual no puede cumplir, sino aquel que haya recibido el don del Espíritu Santo (…). No debemos confiar en ningún hombre, cualquiera que sea, porque una cosa es aquél por quien somos justificados; otra, aquellos con los cuales somos justificados. El demonio no sólo tienta por medio de la codicia, sino también por medio del temor a los combates y a los dolores y a la misma muerte. (…) Ten presente, por último, quelas obras de misericordia, hechas con piadosa humildad, alcanzan del Señor que no permita que sus siervos sean tentados más de lo que pueden resistir(1ª Cor 10,13)…”
Artículo completo: Infocatólica
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pedro de madrid

De pequeño, me lo creía, ahora de mayor, sé que cada cardenal, etc., tiene su criterio y lo mantiene, creen que están en el Evangelio. Ver ahora los obispos de los Paises Bajos a donde han bajado