la verdad prevalece compartió esto
En primer lugar, la cuestión de si ella —mientras vestía como obispo— había hablado con Prevost acerca de la ordenación de mujeres resultaba ridícula. Pues Prevost había avalado la parodia del sacramento del sacerdocio, permitiéndole —mientras vestía como obispo— profanar la Tumba de San Pedro y la Basílica de San Pedro, y utilizar la Iglesia de San Ignacio de Loyola para ejercer las funciones de un «obispo». Es más, le permitió actuar en su presencia como si fuera un sacerdote legítimo, dirigiendo la oración; y —haciéndose partícipe de la parodia— la trató en todo momento como si fuera un sacerdote, sin ofrecer amonestación ni corrección de ninguna clase.