Carlos E. Alva
Respuesta al artículo del Sr. De Mattei: Cualquier obispo podría reivindicar el derecho a consagrar obispos en una situación de crisis

Parece que el Sr. De Mattei se ha levantado con ganas de perder el tiempo con disgresiones vanas.
1º.- A su primera objeción ya contesté en su misma entrada, pero lo repito ahora: La FSSPX no necesita juzgar el estado de necesidad en que vive la Iglesia actualmente, aunque lo haga. Le es suficiente con afirmar su propio estado de necesidad para justificar la Consagración de Obispos ¿Acaso 2 obispos cercanos a los 70 años pueden atender las Confirmaciones en las 67 naciones en que se halla implantada la FSSPX? ¿Pueden proceder a las ordenaciones en los 6 Seminarios de ésta esparcidos por 4 continentes? ¿Pueden atender al centenar de Congregaciones religiosas adheridas a ella? Sólo un loco afirmaría que pueden hacerlo.
Es por este estado de necesidad que la FSSPX pide a Roma autorización para Consagrar Obispos. Y Roma les niega la autorización esperando que se mueran y su obra termine. Este es el estado de necesidad que les obliga a desobedecer a Roma y proceder a las Consagraciones.
2.- Contesto ahora a su pregunta “¿Quién tiene la autoridad para verificar la existencia de dicho estado (de necesidad) y determinar su inicio y su fin?”. - Pues Ntro. Señor Jesucristo, amigo De Mattei. Se lo explica la Sgda. Escritura: “Porque todo el que obra el mal, aborrece la luz, y no viene a la luz, para que no sean puestas en descubierto sus obras” (Jn 3,20). Roma infectada de modernismo puede aceptar todos los errores y convivir con ellos, pero no puede soportar la Tradición ni la sana Doctrina, porque constituyen en sí mismas una acusación contra ella. Por eso niega su autorización a la FSSPX para Consagrar Obispos. Así que, cuando Roma deje de perseguir a la Tradición y defienda la verdadera Doctrina, el estado de necesidad habrá concluido; por lo que el estado de necesidad queda determinado por hechos objetivos, porque “por sus frutos, pues, los conoceréis” (Mt 6, 20), y no hace falta que lo decrete la FSSPX, ni tampoco Ud., ni nadie.
3º. Seguimos con su tercera objeción. Afirma Ud. que “si se admitiera el principio del estado de necesidad como criterio general de actuación, cualquier obispo que considerara que la Iglesia atraviesa una grave crisis podría sentirse autorizado —o incluso moralmente obligado— a consagrar a otros obispos sin mandato pontificio” (…) «La consecuencia sería una proliferación de jurisdicciones paralelas y de episcopi vagantes dispersos por todo el mundo, con los inevitables efectos de fragmentación, desorden y confusión para los mismos fieles a los que se pretendería proteger».
Parece que Ud. distingue una enorme proliferación de obispos amantes de la Tradición y la verdadera Doctrina, que podrían sentirse autorizados a consagrar otros obispos. Yo, la verdad, es que no veo ninguno, o casi ninguno. Pero, si ello ocurriera, indudablemente actuarían bien realizando las Consagraciones. De cualquier manera, creo que cabe distinguir dos grupos: el grupo encabezado por la FSSPX, que engloba también las congregaciones religiosas de ambos sexos que siguen la Tradición (franciscanos, dominicos, redentoristas, pasionistas, benedictinos, etc, etc, etc.), y el grupo de los sedevacantistas. El grupo encabezado por la FSSPX se halla sustancialmente unido, pero los grupos sedevacantistas llevan en su mismo ADN la disgregación. Y esto no tiene remedio hasta que llegue la Restauración de la Iglesia. “Porque escrito está; Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas" (Mc.14, 27), y la Escritura, como Ud. sabe, no puede fallar.
4º.- La FSSPX no justifica las Consagraciones apelando al Concilio Vaticano II, como Ud. dice o da a entender, sino apelando a la primacía de la Caridad o salvación de las almas sobre el legalismo de una obediencia canónica. No nos venga ahora con enfoques “pastorales”, Sr. De Mattei. La cuestión es mucho más directa y sencilla. Se trata de una situación semejante a la que vivió Nuestro Señor cuando los fariseos acusaron a sus Apóstoles de desgranar espigas de trigo en sábado, lo que constituía una desobediencia a la ley. Ud, tal vez, habría dado la razón a los fariseos, previendo una proliferación de hambrientos que, sintiéndose justificados por su hambre, asaltaran los campos, deborasen las mieses y echasen a perder el descanso sabático. "Pero Él (el Señor) les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David cuando tuvo hambre él y los que le acompañaban? Cómo entró en la casa de Dios y comieron los panes de la proposición, que no les era lícito comer a él y a los suyos, sino sólo a los sacerdotes? (Mt 12, 3-4). “Y añadió: El sábado fue hecho a causa del hombre, y no el hombre por el sábado” (Mc 2,27). Y es que todo ha de estar supeditado a la Caridad y, por supuesto, también la obediencia. Lo demás es hipocresía.
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