Retrato del falso profeta.
El falso profeta un césar capaz de amparar su protervia en la monserga filantrópica, en la impostura de los derechos humanos y en la nauseante levedad de las costumbres cívicas tras dos siglos largos de liberalismo, esa maldad, decimos, perdido el sentido del mal, debe ser tanto más indescifrable al común como recóndita y profunda, extendida en toda la vastedad de las entrañas del Enemigo, una metástasis de malos designios oportunamente camuflados bajo un manto de indulgencia falaz, opuesta al integrismo irreductible, al ultramontanismo de aquellos cristianos que aún queden en el desierto del orbe.