Ramón Roal

Dos siglos de Rothschild en el Vaticano: del préstamo usurario de 1832 a la presidencia del IOR en 2026

El 28 de abril de 2026 se hizo efectivo el nombramiento de François Pauly —ex consejero delegado de Edmond de Rothschild (Suiza)— como presidente del Consejo de Superintendencia del IOR, el llamado Banco Vaticano. La prensa lo ha tratado como un cambio técnico de directivo. Conviene leerlo en perspectiva histórica: es el último episodio de una relación que cumple casi exactamente dos siglos.

En 1832, Gregorio XVI firmaba el primer préstamo con la casa Rothschild a condiciones que la propia doctrina católica calificaba de usurarias: la Santa Sede recibió el 62 % del nominal y quedó obligada a devolver el 100 % más intereses. El mismo Papa que cuatro años después extendería a toda la Iglesia la prohibición de la usura era ya, cuando lo hizo, deudor de Rothschild desde hacía un lustro. Desde entonces la cadena no se ha roto: préstamos masivos bajo Pío IX, la institucionalización del IOR bajo Pío XII, la alianza formal con Lady Lynn Forester de Rothschild en diciembre de 2020 bajo el rótulo del «Capitalismo Inclusivo», y ahora la presidencia del banco entregada a un hombre salido del núcleo ejecutivo de esa misma casa.

La Iglesia condenó la usura durante ocho siglos como pecado grave en Letrán II, Vienne, Vix pervenit y el Código de 1917. Lo que hoy preside el Banco Vaticano es el fruto visible de dos siglos de capitulación, y un dato más en la genealogía de la apostasía que el Concilio vino a consagrar.

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