Cómo en un MATRIMONIO; el CUERPO y el ALMA deben de saber primero sus debilidades y fortalezas para estar en completa UNIÓN.
Pero para esa completa UNIÓN, debe haber TRIBULACIONES.
2 Corintios 7, 4 " ... Reboso de gozo en todas nuestras TRIBULACIÓNES."
Es como si hicieras un LICUADO, donde 2 o más componentes se unen, se destrozan entre sí, pero el que tiene más ESENCIA es el que gana.
NO en todas estas uniones los 2 ganan o uno gana y el otro pierde, sino en muchos casos, los 2 PIERDEN.
Cuando el alma está muy apegada a la CARNE, se vuelve carne, se vuelve esa naturaleza pecaminosa que solo " QUIERE ", que desea tener para ser, que quiere placer, SENTÍR y como resultado el cuerpo y alma se CONDENAN porque fueron desobedientes a Dios y su PALABRA.
El CUERPO maldecira al alma porque no forzó a esa carne para cambiar y el ALMA maldecira a la carne porque se hizo su voluntad.
"El sufrimiento de los males físicos y morales es la ofrenda más digna que puedes hacer a aquel que nos ha salvado sufriendo"(Padre Pío de Pietrelcina).
2 Corintios 12 , 12 " Las características del apóstol se vieron cumplidas entre vosotros: PACIENCIA perfecta en los SUFRIMIENTOS..."
Jeremías 10, 19 - «¡Ay de mí, por mi quebranto! ¡me DUELE la herida! Y yo que decía: “Ese es un sufrimiento, pero me lo AGUANTARÉ”.
2 Corintios 7, 9 " ... Os ENTRISTECISTEIS para PENITENCIA..."
2 Corintios 7, 10 " Pues la TRISTEZA según Dios es causa de PENITENCIA SALUDABLE..."
1 Pedro 2, 19 " Porque BELLA cosa es TOLERAR penas, por consideración a Dios, cuando se SUFRE injustamente."
El alma apegada a Dios, a lo ESPIRITUAL, siempre buscará el bien del cuerpo y el alma, para que los 2 se salven.
La NATURALEZA HUMANA es casi animal, alegada a sentir en lugar de obedecer y como no hay un alimento sólido y espiritual, tanto cuerpo y alma, viven de INSTINTOS como animales.
San Agustín nos dice:
"Tengo cuerpo y alma; ésta que gobierna, el otro que es gobernado; el cuerpo que sirve y el alma que manda. Distingo bien que el alma es algo mejor que el cuerpo, y veo que el alma es la que busca tales cosas, no el cuerpo; (...) todas estas cosas que he conocido, las he conocido por medio del cuerpo (Hipona De, trad. 1950, EN 41, 7)50.
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