LEÓN XIV: UNIDAD ECUMÉNICA EN DESMEDRO DE LA FE.
Mil setecientos años después de que el Concilio de Nicea adoptara la línea dura (anatema y exilio) contra la herejía, León XIV [2] decidió celebrar el aniversario con una carta apostólica: In unitate fidei. [3] La fecha es deliberada: 23 de noviembre, Cristo Rey. En vísperas de un triunfal peregrinaje ecuménico que llevará al Papa a Turquía, al lugar donde los 318 Padres se reunieron bajo Constantino y adoptaron el término homoousios (ὁμοούσιος), “de la misma sustancia”, concepto clave de la teología cristiana para describir la relación entre Dios Padre y el Hijo, en contraste con la herejía arriana, según la cual el Hijo es de una sustancia inferior y sólo semejante al Padre.
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A primera vista, la carta parece el tipo de documento que un católico tradicional podría aplaudir. León elogia el Credo, cita sus frases, evoca la crisis arriana y reivindica el término “consustancial” en vez de esconderse detrás de una cristología vaga y modernista. Además cita a Atanasio, habla de divinización, nos recuerda que sólo un Cristo verdaderamente divino puede vencer a la muerte y salvarnos.
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Si leyéramos sólo los párrafos del dos al ocho, casi podríamos olvidar en qué siglo estamos. Pero no estamos en el 325, y León no es Atanasio. Si en la primera mitad suena católico, en la segunda la carta habla como la Comisión Teológica Internacional: Nicea como fundamento de un nuevo proceso ecuménico abierto, donde “lo que nos une es más grande que lo que nos divide” y donde las antiguas disputas doctrinales pierden silenciosamente su “razón de ser”. Después de que Nicea expulsara a los arrianos de la Iglesia, ahora se pide acoger a todos sin hacer demasiadas preguntas.
Del credo a la marca ecuménica
Luego de reafirmar la estructura doctrinal católica, León introduce el verdadero programa, pasando de la batalla de Nicea contra el arrianismo al “valor ecuménico” que el Credo tendría hoy. Nos recuerda que el Credo niceno-constantinopolitano es profesado en las liturgias ortodoxas y en muchos cultos protestantes. Celebra el hecho de que se haya convertido en un “vínculo de unidad entre Oriente y Occidente” y más tarde en un patrimonio común de “todas las tradiciones cristianas”. Lo define como un modelo de “unidad en la legítima diversidad”, y usa la Trinidad como analogía: la unidad sin diversidad se vuelve tiranía; la diversidad sin unidad, fragmentación.
En otras palabras, el Credo deja de ser el símbolo católico de la fe, custodiado por Roma y recibido por sus hijos, para convertirse en una especie de logo compartido del cristianismo mundial. El énfasis se desliza sutilmente de la pregunta “¿qué es verdad?” a “¿qué podemos decir todos juntos?”. El texto queda así forzado a sostener sistemas incompatibles: la eclesiología sacramental católica, la teoría protestante de la Iglesia invisible, el rechazo ortodoxo de la jurisdicción papal universal. Cada uno mantiene su postura.
León cita Ut unum sint de Juan Pablo II y alaba el “movimiento ecuménico” de los últimos sesenta años. Nos asegura que ahora reconocemos a los miembros de otras Iglesias y comunidades como hermanos y hermanas en Cristo y que juntos formamos una única comunidad universal de discípulos. La plena unidad visible no se alcanzó todavía, pero lo que nos une es más grande que lo que nos divide. Repite el concepto como si la repetición pudiera volverlo menos frágil.
La imagen es sencilla: Nicea como el fuego común alrededor del cual todos los bautizados pueden reunirse, cada uno con su acento teológico, todos calentados por las mismas llamas. El problema es que Nicea no reunió a todos alrededor de un fuego. Nicea desenvainó la espada.
“Controversias que han perdido su razón de ser”
León afirma que debemos “dejar atrás las controversias teológicas que han perdido su razón de ser” para llegar a una comprensión común y, más aún, a una oración común al Espíritu Santo. No especifica a qué controversias se refiere. Simplemente nos asegura que algunas batallas dogmáticas ya no deben mantenernos separados. Y es en estas afirmaciones donde un católico formado por Pío XI y Pío XII ya no puede reconocerse.
¿Qué controversias exactamente habrían perdido su razón de ser? ¿Quizá la cláusula Filioque, mencionada en nota como “objeto del diálogo ortodoxo-católico”? ¿El alcance de la jurisdicción papal? ¿Los dogmas marianos rechazados por los protestantes? ¿La indisolubilidad del matrimonio? ¿La doctrina de la justificación definida en Trento?
Durante siglos, la Iglesia insistió en que la unidad requería la profesión común de todas estas verdades. Pío XI escribió en Mortalium animos que existe un solo modo de promover la unidad de los cristianos: el retorno de los hermanos separados a la única verdadera Iglesia de Cristo. Pío XII, en Mystici Corporis, enseñó que quienes están divididos en la fe y el gobierno no pueden vivir en la unidad del Cuerpo de Cristo. Las cuestiones doctrinales que dividían a católicos y no católicos no eran capítulos optativos para revisar después; eran parte del depósito de la fe.
Ahora León habla de controversias que ya no justifican la división. Habla de conversión recíproca, como si la Iglesia católica y quienes rechazan su magisterio estuvieran todos “en camino” hacia una unidad futura aún por definir. Habla del Espíritu que nos guía juntos a descubrir una fe común más rica, sin decir nunca que el camino de regreso a la unidad pasa por la sumisión al primado romano y la aceptación del dogma católico. Nicea definió que el Hijo es consustancial al Padre y luego anatematizó a quien sostuviera lo contrario. León cita la definición y entierra su lógica. El Credo se conserva; las consecuencias se silencian.
San Atanasio o el espíritu del diálogo
A Atanasio podrías decirle que León lo elogia llamándolo por su nombre, recordando sus heroicos exilios y definiendo su fe como “inquebrantable y firme”. Podrías mostrarle los pasajes donde León insiste en que sólo un Cristo verdaderamente divino puede divinizar al hombre y vencer a la muerte. Podrías señalarle la bellísima oración al Espíritu Santo del final. Después tendrías que explicarle que, diecisiete siglos más tarde, obispos y teólogos siguen discutiendo si el Hijo procede sólo del Padre o del Padre y del Hijo, y que el obispo de Roma lo llama “tema de diálogo”. Tendrías que explicarle que el primado por el que él luchó ahora se trata como un obstáculo para la unidad, que hay que reformular con cuidado para no ofender a los hermanos separados. Tendrías que explicarle que Roma ahora prefiere hablar de “diversidad legítima” antes que de herejía, de “comunión parcial” antes que de cisma, de “bautismo común” antes que de conversión.
Atanasio no fue exiliado cinco veces para preservar un mínimo común denominador. No soportó presiones imperiales, calumnias y violencias para que los futuros papas pudieran poner su Credo al servicio de un proceso que trata graves divisiones doctrinales como malentendidos históricos a superar mediante un diálogo orante.
La Iglesia que conoció Atanasio creía que el error mataba las almas y que la caridad exigía claridad. La unidad se medía por la sumisión a la fe y al jefe visible que la protegía. El lenguaje ecuménico actual mide la unidad según cuántas veces aparecemos juntos en las fotos y cuán pocas veces mencionamos lo que todavía nos divide.
La carta apostólica elogia a la “juventud nicea” que completó la obra doctrinal del Credo. El tono del documento, sin embargo, es el del adulto sinodal que aprendió a no pronunciar palabras demasiado duras en compañía de otros.
Qué nos dice realmente todo esto sobre Roma
¿Qué debería aprender un católico serio de In unitate fidei? Que la misma Roma que cita el Credo ahora lo usa como una marca ecuménica. El mismo símbolo compuesto para trazar una línea entre verdad y error es reformado como un amplio paraguas que puede proteger sistemas mutuamente excluyentes, con tal de que reciten las mismas palabras. El Concilio que antaño condenó y expulsó a los herejes es invocado ahora para justificar una unidad que se conforma con permanecer incompleta, una comunión que nunca exige a nadie cambiar de idea.
Cuando León habla de la Iglesia, lo hace como el Concilio Vaticano II. En el papel, el Credo es estable; en la práctica, la eclesiología es revisable. La antigua enseñanza sobre quién pertenece verdaderamente a la Iglesia y cómo deben volver los hermanos separados es reemplazada cortésmente por un lenguaje de enriquecimiento recíproco y herencia compartida. Controversias teológicas que antes justificaban una Reforma y un milenio de cisma ahora quedan, de repente, destinadas a ser dejadas de lado.
Si hay una lección que sacar de este aniversario es que la unidad sin verdad es una falsificación. Los 318 Padres de Nicea no se reunieron en concilio para establecer el contenido mínimo necesario para permanecer en comunión con Arrio. Definieron la fe y afrontaron las consecuencias. Si León realmente quisiera celebrar su valentía, debería recuperar su claridad.
Hasta entonces, el Credo niceno-constantinopolitano seguirá siendo el juez del proyecto ecuménico que se pretende construir sobre sus hombros. Las palabras siguen siendo las mismas. La pregunta es si Roma todavía cree en todo lo que ellas implican.
[1] Fuente: “In unitate fidei”, ovvero l’unità al prezzo … - Original en inglés: Nicaea at 1700: The Problem With Unitate Fidei - Autor: Chris Jackson - Relacionado: New Apostolic Letter Calls for Abandoning … - Traducción: Pablo Marini - Edición: Miles Christi - Mis blogs: 1. @Miles - Christi - 2. @Super Omnia Veritas
[2] Sobre Prevost ver: 1. “Francisco nos acompaña desde el Cielo” LEÓN XIV: "FRANCISCO NOS ACOMPAÑA DESDE EL CIELO" - 2. “La religión del hombre” “La religión del hombre: un testimonio sobre la … - 3. “La corredención de María” “El Vaticano niega la Corredención de María … - 4. “Marcha LGBT en el Vaticano” MARCHA LGBT EN EL VATICANO - Fuente: … - 5. “El video del Papa” "Por la colaboración entre las distintas … - 6. “Prevost y el cambio climático” "Por la colaboración entre las distintas … - 7. “León XIV refutado por León XIII” LEÓN XIV REFUTADO POR LEÓN XIII. - 8. “Examen de Dilexi Te” INTERESANTE EXAMEN DE DILEXI TE. - 9. “Ritual neopagano en el Vaticano” LEO XIV'S NEOPAGAN RITUAL AGAINST CLIMATE CHANGE … - 10. “Prevost y James Martin” LEO XIV, JAMES MARTIN AND LGBT - Related: 1. …
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