El 8 de noviembre, el Papa León XIV se reunió en el Vaticano con quince víctimas belgas de abusos sexuales en la Iglesia. El encuentro, que duró dos horas, fue valorado como humano y atento, aunque puso de manifiesto tensiones con la jerarquía belga, especialmente con el arzobispo Luc Terlinden, cuya destitución fue solicitada por algunas víctimas. La reunión daba cumplimiento a una promesa hecha por el papa anterior durante una visita a Bélgica. Hubo molestias por la cancelación de una cita previa con el cardenal Víctor Manuel Fernández. Las víctimas destacaron la empatía del pontífice y su reconocimiento de la necesidad de mejor formación para evitar abusos, aunque señalaron su limitada capacidad para influir en la Iglesia belga y acelerar las indemnizaciones. Los representantes criticaron la falta de compromiso institucional y la carga económica colocada sobre el Estado. Proponen que la Iglesia reconozca el daño vitalicio, estimado en un millón de euros por víctima, mientras que las ayudas actuales —entre 2.500 y 25.000 euros, más 3.000 para terapia— se consideran insuficientes. La situación se comparó con Estados Unidos, donde demandas judiciales han obligado a la Iglesia a pagar compensaciones mucho más altas.