jamacor

Presagios de la inminencia I

miércoles, 24 de marzo de 2021

Que la Iglesia está en crisis lo sabemos desde hace décadas. Sin embargo, en los últimos años y, sobre todo, en los últimos meses, estamos asistiendo a mi entender a la manifestación de presagios que indicarían la inminencia del desenlace. La crisis es terminal, es decir, irreversible. No hay vuelta atrás. Sin una intervención divina directa, la Iglesia católica desaparecerá en la próxima década, convertida en una multinacional religiosa, desfigurada de su carácter original y furiosa perseguidora de los pocos católicos fieles al depositum fidei.
Cuando hace algunos años el Papa Francisco nos develó las andanzas amorosas de Leticia, comenzamos a ver que la cuestión ya no se reducía al latín o a la guitarra en la liturgia; se tocaba la doctrina secular y revelada. Y en los últimos días hemos asistido a los pasos de comedia provocados por la declaración de la Congregación de la Doctrina de la Fe en la que se niega la bendición a las parejas homosexuales, una cuestión que para un católico normal que aprendió su catecismo, es de perogrullo. Pues bien, lo que debería haber sido una respuesta casi superflua por obvia, ha causado un gran batifondo. Solo por dar un par de ejemplos, los sacerdotes austríacos han dejado en claro que no obedecerán, otro tanto han dicho muchos de sus colegas alemanes y un importante obispo belga, Mons. Johan Bonny dice sentirse avergonzado de la Iglesia por tal documento y pide disculpas a todas las parejas homosexuales, a sus padres y a sus abuelos. Y hasta el momento la Santa Sede no ha reaccionado ante estos signos de rebeldía contra la doctrina de la fe cristiana; y, al mismo tiempo, Mons. Eduardo Taussig y numerosos obispos más, siguen sancionando a sacerdotes y fieles por dar y recibir la comunión en la boca. No sé si caemos en la cuenta de la situación de apostasía en la que nos encontramos, o si por habitual, nos parece ya normal.
No voy a repetir aquí la historia del documento en cuestión y las marchas y contramarchas posteriores que han sido suficientemente documentadas en otros sitios, pero vale la pena hacer algún análisis:
1. El episodio pinta a Bergoglio de cuerpo entero. Su principio es: Nunca firmar nada comprometido contra la doctrina sino aprobar y alentar los cambios a través de gestos y operaciones de prensa. Es la vieja táctica jesuita y peronista. Un amigo recordaba convenientemente el cuento de Marco Denevi, El gran tamerlán de Persia. Y algunos medios italianos se preguntaban si no se trataría de una muestra de desequilibrio psicológico de Bergoglio. En mi opinión, fue una maniobra perfectamente planificada.
2. Es claro e indiscutible que la respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe fue publicada con la autorización expresa del Pontífice. El mismo documento dice: “El Sumo Pontífice Francisco, en el curso de una Audiencia concedida al suscrito Secretario de esta Congregación, ha sido informado y ha dado su asentimiento a la publicación del ya mencionado Responsum ad dubium, con la Nota explicativa adjunta.”. Las jesuíticas explicaciones del jesuita Pino Piva no tienen ningún sustento.
3. Pocos días después de la publicación del documento y de la sucesiva polvareda, el matrimonio periodístico integrado por Gerard O’Donnell y nuestra conocida compatriota Elizabetta Piqué, publicaba en medios internacionales (American Magazine y La Nación) que según una fuente reservada del Sacro Palacio, el Papa Francisco estaba muy disgustado por esa nota prueba de lo cual debían considerarse las palabras que pronunció en el Angelus del domingo pasado. Las notas periodísticas aparecieron apenas después que terminara ese rezo, con lo cual estimo que el escrito ya estaría preparado desde hacía un buen rato. Muchos se preguntaron quién podía esa fuente autorizada. A mí no me cabe duda: fue el mismo Bergoglio. Él es amigo personal de la pareja y la ha utilizado en otras ocasiones, incluso siendo arzobispo de Buenos Aires, para sus operaciones de prensa.
Bergoglio, por el motivo que sea, quiere cambiar la práctica de la Iglesia hacia las personas homosexuales, no sólo permitiendo sino incluso bendiciendo sus conductas. No puede o no quiere firmar un cambio doctrinal oficial que sería catastrófico para la ya endeble unidad de la Iglesia y lo haría pasar a la historia como un apóstata documentado. Lo que hace, entonces, es lograr su objetivo con insinuaciones y discursos ambiguos que cada uno entiende como quiere, y que él se asegura que sean entendidos en el peor de los sentidos a través de la prensa internacional con él alineada.
Es por esto que tengo mis dudas acerca de las noticias que hablan de una feroz interna dentro de la Curia a favor y en contra de las bendiciones homosexuales. Las “altísimas presiones” estaba planificadas. Todo ha sido cuidadosamente previsto por Francisco.
4. Por si la ambigüedad de las palabras del Angelus no hubieran sido suficientes, el martes, en un discurso pronunciado en ocasión de un aniversario nada menos que de San Alfonso María de Ligorio, dio pistas mucho más clara, y su ambigüedad pasó casi desapercibida. Dijo:

Invito a los teólogos morales, a los misioneros y a los confesores a entrar en una relación viva con los miembros del pueblo de Dios, y a mirar la vida desde su perspectiva, para comprender las dificultades reales que encuentran y ayudar a curar sus heridas. […] La teología moral no puede reflexionar sólo sobre la formulación de principios, de normas, sino que necesita hacerse cargo propositivamente de la realidad que supera cualquier idea. Esto es prioritario porque el conocimiento de los principios teóricos por sí solo, como nos recuerda el mismo San Alfonso, no es suficiente para acompañar y apoyar las conciencias en el discernimiento del bien que hay que hacer.
Bergoglio, parafraseando a Perón, dice: “No miren lo que firmo sino lo que digo”. Luego de estas palabras, ¿con qué autoridad podrá reprochársele, por ejemplo, al sacerdote salesiano que hace pocas semanas bendijo públicamente a una pareja homosexual en Ushuaia como reportamos en este sitio. Él no fue más que un buen pastor que supo mirar la realidad y, tomando distancia de los principios teóricos, acompañó las conciencias y curó a los heridos.
5. Estos acontecimiento no hacen más que recordar y confirmar la intuición que Ludovicus tuvo en los primeros meses del pontificado bergogliano acuñando la expresión canibalismo institucional. La Piqué publicaba en La Nación de hace dos días: “.”Si bien la carta de hoy -como en el Angelus del domingo pasado-, no tuvo referencia alguna al “responsum” de la CDF –documento que contó con el “asentimiento” del Santo Padre-, el mensaje dejó claro la contrastante visión del papa Francisco y de la Iglesia en cuanto a su contenido y lenguaje”. Me pregunto cómo haber un contraste entre la visión del Papa y de la Iglesia. El mensaje de la periodista, y que es el mensaje que Bergoglio quiere transmitir, es que el Papa es el bueno y la Iglesia es la mala que impide sus buenas intenciones y acciones.
6. Finalmente, y como fue advertido hace pocos días, Francisco no es, como muchos creímos, la encarnación del Vaticano II. Esa malhadada asamblea no lanzó la piedra tan lejos. Francisco es el Vaticano III.
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2565
bear

Bueno sólo Dios!

vgg

Vg2: Decir que "el Papa es bueno y la Iglesia es mala" no tiene sentido¿ Has pensado quién es la Iglesia?