Presagios de la inminencia I
miércoles, 24 de marzo de 2021Que la Iglesia está en crisis lo sabemos desde hace décadas. Sin embargo, en los últimos años y, sobre todo, en los últimos meses, estamos asistiendo a mi entender a la manifestación de presagios que indicarían la inminencia del desenlace. La crisis es terminal, es decir, irreversible. No hay vuelta atrás. Sin una intervención divina directa, la Iglesia católica desaparecerá en la próxima década, convertida en una multinacional religiosa, desfigurada de su carácter original y furiosa perseguidora de los pocos católicos fieles al depositum fidei.
No voy a repetir aquí la historia del documento en cuestión y las marchas y contramarchas posteriores que han sido suficientemente documentadas en otros sitios, pero vale la pena hacer algún análisis:
1. El episodio pinta a Bergoglio de cuerpo entero. Su principio es: Nunca firmar nada comprometido contra la doctrina sino aprobar y alentar los cambios a través de gestos y operaciones de prensa. Es la vieja táctica jesuita y peronista. Un amigo recordaba convenientemente el cuento de Marco Denevi, El gran tamerlán de Persia. Y algunos medios italianos se preguntaban si no se trataría de una muestra de desequilibrio psicológico de Bergoglio. En mi opinión, fue una maniobra perfectamente planificada.
2. Es claro e indiscutible que la respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe fue publicada con la autorización expresa del Pontífice. El mismo documento dice: “El Sumo Pontífice Francisco, en el curso de una Audiencia concedida al suscrito Secretario de esta Congregación, ha sido informado y ha dado su asentimiento a la publicación del ya mencionado Responsum ad dubium, con la Nota explicativa adjunta.”. Las jesuíticas explicaciones del jesuita Pino Piva no tienen ningún sustento.
3. Pocos días después de la publicación del documento y de la sucesiva polvareda, el matrimonio periodístico integrado por Gerard O’Donnell y nuestra conocida compatriota Elizabetta Piqué, publicaba en medios internacionales (American Magazine y La Nación) que según una fuente reservada del Sacro Palacio, el Papa Francisco estaba muy disgustado por esa nota prueba de lo cual debían considerarse las palabras que pronunció en el Angelus del domingo pasado. Las notas periodísticas aparecieron apenas después que terminara ese rezo, con lo cual estimo que el escrito ya estaría preparado desde hacía un buen rato. Muchos se preguntaron quién podía esa fuente autorizada. A mí no me cabe duda: fue el mismo Bergoglio. Él es amigo personal de la pareja y la ha utilizado en otras ocasiones, incluso siendo arzobispo de Buenos Aires, para sus operaciones de prensa.
Bergoglio, por el motivo que sea, quiere cambiar la práctica de la Iglesia hacia las personas homosexuales, no sólo permitiendo sino incluso bendiciendo sus conductas. No puede o no quiere firmar un cambio doctrinal oficial que sería catastrófico para la ya endeble unidad de la Iglesia y lo haría pasar a la historia como un apóstata documentado. Lo que hace, entonces, es lograr su objetivo con insinuaciones y discursos ambiguos que cada uno entiende como quiere, y que él se asegura que sean entendidos en el peor de los sentidos a través de la prensa internacional con él alineada.
Es por esto que tengo mis dudas acerca de las noticias que hablan de una feroz interna dentro de la Curia a favor y en contra de las bendiciones homosexuales. Las “altísimas presiones” estaba planificadas. Todo ha sido cuidadosamente previsto por Francisco.
Invito a los teólogos morales, a los misioneros y a los confesores a entrar en una relación viva con los miembros del pueblo de Dios, y a mirar la vida desde su perspectiva, para comprender las dificultades reales que encuentran y ayudar a curar sus heridas. […] La teología moral no puede reflexionar sólo sobre la formulación de principios, de normas, sino que necesita hacerse cargo propositivamente de la realidad que supera cualquier idea. Esto es prioritario porque el conocimiento de los principios teóricos por sí solo, como nos recuerda el mismo San Alfonso, no es suficiente para acompañar y apoyar las conciencias en el discernimiento del bien que hay que hacer.
Bergoglio, parafraseando a Perón, dice: “No miren lo que firmo sino lo que digo”. Luego de estas palabras, ¿con qué autoridad podrá reprochársele, por ejemplo, al sacerdote salesiano que hace pocas semanas bendijo públicamente a una pareja homosexual en Ushuaia como reportamos en este sitio. Él no fue más que un buen pastor que supo mirar la realidad y, tomando distancia de los principios teóricos, acompañó las conciencias y curó a los heridos.
5. Estos acontecimiento no hacen más que recordar y confirmar la intuición que Ludovicus tuvo en los primeros meses del pontificado bergogliano acuñando la expresión canibalismo institucional. La Piqué publicaba en La Nación de hace dos días: “.”Si bien la carta de hoy -como en el Angelus del domingo pasado-, no tuvo referencia alguna al “responsum” de la CDF –documento que contó con el “asentimiento” del Santo Padre-, el mensaje dejó claro la contrastante visión del papa Francisco y de la Iglesia en cuanto a su contenido y lenguaje”. Me pregunto cómo haber un contraste entre la visión del Papa y de la Iglesia. El mensaje de la periodista, y que es el mensaje que Bergoglio quiere transmitir, es que el Papa es el bueno y la Iglesia es la mala que impide sus buenas intenciones y acciones.
6. Finalmente, y como fue advertido hace pocos días, Francisco no es, como muchos creímos, la encarnación del Vaticano II. Esa malhadada asamblea no lanzó la piedra tan lejos. Francisco es el Vaticano III.
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